After hours

Caminaba de regreso a mi casa tras ocho monotemáticas horas de trabajo.

[Bip bip bip] Mensaje de Caro: “saca las chelas o que morro?”

Si le contesto debe ser porque sí quiero, de lo contrario volvería a guardar el teléfono. A las 8 o 9 le digo. En mi depa, trae Carta Blanca y dos Miller. Yo tengo la weed.

No llega ni a las 8 ni a las 9. Son las 9 y media y nada. Ya sabía. Por eso en el camino entré al Oxxo de pasada y compré un six de dos equis. Ya llevo la mitad y me siento mareado. Entonces conecto el iPod al estéreo pero el puto cable plug hace falso. Me resigno a las bocinas de la laptop. Daftpunk es la elección y cuando estoy a punto de cantar Uruapan mexican lucky suena el teléfono. Esta vez es el tono de llamada.

– Vengo con la Adris, no hay pedo? Compramos más chela”.

– Simón, pero ya apúrate.

Llega en menos de 10 minutos. Dejan el coche afuera aunque les advierto que luego cristalean hasta a los bochos. No hay pedo dice. Creo que es una de sus frases favoritas y creo incluso su actitud ante la vida. Mientras caminan hacía las escaleras pienso en cómo nos conocimos y a pesar de tantos años de estar en los mismos círculos nunca fuimos amigos realmente.

Fue hasta haber sido compañeros en un trabajo de mierda. Ahí empezamos a saludarnos, platicar entre descansos y odiar a los jefes. Cuando renuncié ni me despedí de ella. Por cortesía le pregunto qué cómo van las cosas en lo que llamamos “Mordor”. Una tierra desolada donde los sueños se calcinan y la cual es regida por una bola de imbéciles. Igual que siempre, dice mientras destapa la Miller.

– Tengo unos tarros para chela, dejen los lavo y los traigo.

– Así, de la caguama o ¿te doy asco?

Me ahorran el trabajo y solo lavo mi tarro. Es una especie de manía personal y ya. En la laptop ya suena Gorrillaz. A veces pienso que Youtube se encamina solo hacía los éxitos más comerciales. Si lo dejo correr acabaremos escuchando a Rihana o Calvin Harris. Por eso busco otro cable de audio, el cual para nuestra fortuna no hizo falso.

– Conecta tu cel o pon algo en Spotify.

– Nel, mejor pon tú. Es tu casa.

– A ver tu Adris, ponte algo.

Nos arrepentimos de eso inmediatamente. Pero ni modo. En las bocinas –que por supuesto se escuchan más y mejor que una laptop- suena algo de metal sinfónico. Aunque Adris dice que escucha de todo sabemos que es metalera y siempre lo será. Le baja tantito a su intensidad y cambia a Black Sabbath y Deep Purple. Eso está bien, por ahora.

[Bip bip] Mensaje del Chino: “Vato, hay party en mi chan. Caele al rato, voy a preparar mezcaladas y shots”.

Contesto pregúntandole a mi ex rumi si puedo llevar a dos amigas. Pero ya más al rato. Les pregunto a ellas y dicen que no hay pedo. Al parecer Adris ya está agarrando la misma actitud. La Miller se termina y se nos olvidó cambiarle a la música. Ya cuando Robert Plant está gimiendo y a punto de volver a cantar “Wanna whole lotta love” le cambiamos. Turno de Caro.

– Voy a poner unas más tranquis.

– Entonces hay que empezar a ponchar.

Lo más “tranquis” me da bajón. O la sed. Da lo mismo porque ya empezamos con las Carta Blanca y los chismes. Alguien se salió del trabajo y se robó equipo como venganza. Otro más fue echado porque vendía comidas sin permiso. Hasta la jefa de Recursos Humanos renunció, harta de que los reclamos siempre fueran hacía ella. Dice Adris que ella vio cuando agarró sus cosas, las puso en una caja y salió llorando sin despedirse. Casi como yo, pero sin lo de llorar

– Te saliste a tiempo. Ya está más de la verga

– Salud por eso, pues.

DJ Shadow, lo “tranquis” ya hizo que nos dieran ganas de tirar barrio. Busco mi iPod y el playlist de fiestas. Aún no es momento para las cumbias o lo guapachoso, por eso algo de rap noventero y el hip-hop están bien. Las horas han pasado y entre el Hotline Bling (mentí cuando dije que era noventero)  o el Get Busy se nos terminó la cerveza.

– ¿Jalan a la fiesta o vamos por más chela?

La respuesta de Caro era obvia.

Rumbo a la fiesta pasamos a un Seven eleven porque si algo sobra en esta ciudad son lugares para embrutecerse o comprar para el monchis. Rumbo al departamento de mi ex rumi compramos tacos porque la magia de la grasa, la tortilla, la salsa de aguacate y el queso de las gringas es una combinación perfecta con la pachequez. Ya cenados, borrachos y con Major Lazer a todo en el Chevy llegamos a la fiesta. Afuera dos personas fuman y nos abren paso. Subimos las escaleras de metal y llegamos al aparente clímax de la fiesta.

– Qué perrón que veniste wey. Deja te sirvo unas bebidas y a tus invitadas

– Oye amigo ¿crees que Adris pueda meter su chevy? (De pronto le importan los cristalazos en esta colonia).

Mientras la dueña del coche hace maniobras para resguardarlo, bebemos nuestro trago. Es mezcal con jugo de naranja, toronja, chile en polvo, hielo y algo que no puedo adivinar. Supongo que es el secreto de los barmans. De lo contrario su trabajo sería en vano. Una, dos, tres y cuatro canciones después nos paramos a bailar. Caro no suelta su tercera mezcalada y Adris en algún punto del departamento está debatiendo si Therion toca mejor con orquesta filarmónica que Haggard. La hora de las cumbias es la favorita de estas fiestas. Nadie, aunque tenga dos pies izquierdos, se queda en su lugar. Aunque sea metalera y no se sepa la letra de 17 Años y Tiene Espinas el Rosal.

– No mames, mañana trabajo temprano, pero no hay pedo.

De pronto mi amigo aparece con dos vasos tequileros (o mezcaleros, ya ni sé diferenciarlos) llenos de una bebida de color verde o azul. Chocamos el vasito y lo bebemos todo de un trago. El calor asciende de mi estómago, pasa por mi garganta y llega hasta las orejas.

– Su pinche madre cabrón, con esto ya no voy a dormir.

Alcanzo a escuchar que alguien cambió la música. Creo que puedo bailar El Paso del Gigante y cuanta pendejada suene siempre y cuando Caro siga siendo mi pareja. Parece que nadie quiere cansarse. Adris yace en un sillón, al parecer cansada de discutir si Rata Blanca o Stravaganzza es la mejor banda de metal española. En algún punto alguien puso “Y dele dele nomás, con el garrote que le va a gustar”.

– Esto se va a descontrolar jajaja.

– Simón, pinche raza si bien que se las sabe todas.

De reojo alcanzo a ver que llegó una de mis ex novias. No me saludó hasta que ya no le quedó de otra. Un abrazo insípido, una plática vanal y regresé a buscar a Caro. Ya estaba bailando con otro dude, por eso me regresé al sillón del debate. Adris está más dormida que despierta.

– Ya vámonos si quieres.

Responde algo que no logro comprender y le pido paro a mi amigo. La cargamos y la metemos a dormir a un cuarto en donde hay otras dos o tres morras dormidas. Nomás ciérrale bien, no se vaya a meter un cabrón, me advierte mi ex rumi. Ya me la sé, le respondo.

Caro sigue bailando y tiene en su cintura las manos del wey. Calculo otras dos canciones, quizá la de La Hierba de Movía o Sergio el Bailador para que empiecen a besarse. Mi ex novia también, solo que ella no necesita tanto tiempo. Entonces voy a la cocina, intento imitar la preparación de una mezcalada pero mejor me lo sirvo seco y salgo a fumar.

Afuera hace aire frío y ya pasa la primera combi de la mañana. Aunque no me gusta viajar así después de una fiesta le hago la parada. Me bebo el resto del mezcal y saco mis audífonos. Es momento de escuchar algo que me guste.

Dont you want me baby, dont you want me no oh oh y la batería del iPod muere. Me doy cuenta de que olvidé despedirme. No hay pedo, ya es viernes.

 

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