A veces me gusta

Me gusta el chocolate porque siempre me recordará al que preparaba mi abuelita.

Me gusta acercarme a los perros, descubrir que son unas bestias mansas y dejarlos olerme, rascarles la panza y aguantar sus intentos por abrazarme.

Me gusta la nieve de vainilla.

Me gustan las cazuelas de nieve que venden en la plaza de mi lugar de nacimiento.

Me gusta el clima de Uruapan, caminar por la rivera de su río, sentarme en una banca a fumar un cigarro, mirar hacía ningún lado y perderme un rato, luego me gusta regresar a casa sin decir nada.

Me gusta sentarme en la ventana del camión, mirar las líneas del camino o los árboles.

Me gustaba ir a la Vecindad, tomar café y caminar por las calles de noche.

Me gusta el atole de grano, los elotes con sal y limón, el olor que despiden y la gente que sigue comprándole a la anciana de la cuadra.

Me gusta bailar, siempre.

Me ha gustado, desde que tengo memoria, fingir que sé tocar la guitarra.

Me gustaba jugar a las luchas libres, hacer ruidos de golpes o explosiones y usar máscaras de luchador.

Me gustó por mucho tiempo la lucha libre; todavía pienso en ella a veces.

Me gusta mucho la música; he descubierto un mundo personal y un mapa de mi personalidad en ella.

Me gustaría ir al concierto de Roger Waters, aunque no pueda.

Me gusta el cine, los libros y ver pinturas aunque no les entienda.

Me gusta pensar que la vida no es para siempre.

Me gusta el queso crema pero podría vivir sin él.

Me gusta la comida en cada una de sus variedades, procedencia y desenlace.

Me gusta el olor a tierra mojada, el agua almacenada en ollas de barro, el musgo en las pilas, las caminatas hacía mi trabajo por la mañana, que el clima esté nublado y que pueda usar la ropa que me gusta ese día.

Me gusta escribir cuando siento la necesidad, jamás cuando soy obligado.

Me gustaba ver a mi abuelo haciendo maque pero me gustaba más escucharlo hablar de su juventud.

Me gusta el mar y los lagos aunque no sepa nadar.

Me gusta mi boca, mis manos, mis piernas, mi pelo y mis pestañas.

Me gustó, desde que leí “Ficciones” Borges. Me gustó Bolaño, me sigue gustando Lovecraft, Elizondo, Juan Villoro y me ha gustado Rafa Saavedra, Raymond Carver y por difícil que parezca algo de Faulkner y Capote.

He pensado que algunos hombres me gustan. Me gustan y ya, tampoco es que quiera o sea necesario decirles.

Me gusta el durazno, las manzanas, el mango, el agua de melón, la sandía con chile, el sabor del pepino y el atún, pensar en cocinar recetas nuevas.

Me gusta dormir bocarriba, tener almohadas, usar pants o short cuando estoy en mi casa, acostarme hasta tarde, es feo no poder hacerlo siempre.

Me gusta abrazar a mi sobrino, escuchar a mi padre, la ternura de mi madre, la hermandad secreta entre mi hermano y yo y ver a mis primos más cercanos.

Me gusta más ver el amanecer que el ocaso.

Me gusta la cerveza, el mezcal, el ron con mucha agua y poca cocacola, los shots de tequila y los mojitos.

Me gusta el sexo oral.

Me gusta fotografiar cosas curiosas.

Me gustan las camisas únicas, los tenis, usar calcetines hasta el tobillo y los bóxers pegados, ah y los pantalones estirables.

Me gusta el café cuando está bien hecho.

Y a veces, cuando me siento algo aturdido, atolondrado por el mundo y cuando el peso de lo exterior me  abruma para dispersar-me pienso en las cosas que me gustan.Mariquita del Vergel

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