El Paso: exilios y autocensura

En su nuevo documental, Everardo González muestra dos casos de periodistas mexicanos autoexiliados debido a las pocas garantías de seguridad que ofrece el Estado mexicano y a la nula o casi nada solidaridad de los medios de comunicación del país.

Everardo González, quien en 2001 sorprendió a propios y extraños con “Cuates de Australia” ya había explorado en dicho documental el fenómeno del exilio. Sin embargo, en su nuevo trabajo titulado “El Paso”, el cineasta mexicano lleva el tema a un nivel más profundo a través del testimonio de dos periodistas en busca de asilo político tras su autoexilio de México por motivos de seguridad propia.

“El Paso”, estrenado durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, es un documental que nos sitúa en El Paso, Texas donde radican los periodistas mexicanos Ricardo Chávez Aldana y Alejandro Hernández Pacheco, quienes debido a la persecución y amenazas por parte del crimen organizado, tuvieron que abandonar el estado de Chihuahua para emigrar a Estados Unidos en busca de asilo político y así obtener mejores condiciones de seguridad para ellos y sus familias.

A través del lente, manejado con astucia y anonimato por Everardo González, el espectador contempla las historias de estos dos mexicanos quienes padecieron la fuerza de la impunidad, la inseguridad y en un caso, el cinismo de las autoridades mexicanas que poco o nada hicieron por protegerlos e incluso exhibieron como trofeos de la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

La historia de “El Paso” nos lleva a las consecuencias del autoexilio y en el caso de Ricardo Chávez Aldana, a la búsqueda del estatuto legal que otorga el asilo político estadounidense. Gracias a los testimonios hablados, nos enteramos de la pérdida irreparable que sufren estos dos periodistas que, a pesar de la nostalgia, el enojo y la tristeza, deben adaptarse a la vida del país vecino por el bien de sus familias. Everardo González, usando una maestría en el uso del lenguaje visual (esto es mostrando las escenas por sí mismas sin necesidad de explicar), nos coloca en el centro del conflicto observando a las familias de estos trabajadores de la comunicación, quienes son el vínculo emocional entre los exiliados.

Cabe señalar que “El Paso” no es un documental que explore el tema de la violación de la libertad de expresión en México. Más bien al contrario; “El Paso” se distingue por seleccionar a dos personas comunes que por trabajar dentro de los medios se vieron envueltos en asuntos fuera de su control. Ricardo Chávez era un reportero ocasional de nota roja que por denunciar casos de impunidad tuvo que enfrentar la ejecución de sus sobrinos y las amenazas del crimen. Alejandro Hernández Pacheco era un camarógrafo de deportes que un día cubrió a otro compañero y fue “levantado” y secuestrado para después ser usado en un montaje de seguridad orquestado por el propio gobierno federal. Ambos ejemplos muestran, y esa es la virtud de este documental, que quienes más agresiones sufren son los periodistas de día a día: trabajadores que para ganarse una quincena exponen sus vidas.

Everardo González decide ignorar a las “plumas consagradas”, a los analistas y locutores; porque estos si son ejecutados y desaparecidos representan un gran peso social y político para el Estado mexicano. En cambio el director mexicano indaga el caso de estos mexicanos para mostrar un problema que apenas ha sido tocado en el país: la agresión, desaparición y homicidio de los periodistas “que a nadie le importan”. Y así, dando cuenta de este problema, incluso mayor y más agudo, el documental devela la gravedad del asunto, la poca solidaridad entre el gremio de la comunicación y su gran derrota.

“El Paso” es un documental importantísimo, no solo para el público selecto y especializado, sino para la sociedad mexicana y los generadores de información diaria. Como es de esperarse, los casos de Ricardo Chávez y Alejandro Hernández no son los únicos aunque representen características comunes y a su vez diferencias. El nuevo trabajo de Everardo González es una dura crítica para los periodistas y para los medios masivos, quienes suelen criminalizar a las víctimas del crimen y solapar al Estado en su afán por permanecer en los presupuestos y no perder estímulos o patrocinios económicos. Los periodistas, los que van a los hechos y están día a día en la calle, son quienes realmente son agredidos mientras que los columnistas, directores de diarios y conductores de televisión se victimizan como agredidos cuando quienes en realidad desaparecen son trabajadores, reporteros y camarógrafos. En “El Paso” Everardo González elabora un documental para darnos cuenta de que son a estas “víctimas colaterales”, cifras y porcentajes sin nombre y exiliados anónimos a quienes el Estado también debería de garantizar la seguridad para ellos y sus familias.

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