La culpa fue de tu pinche perra

La siguiente historia ocurrió hace algunos años en la ciudad de Morelia. Corría el mes de agosto y las lluvias habían azotado, como de costumbre, las vialidades convirtiéndolas en ríos urbanos. Durante esa época compartía la renta con una amiga quien tenía dos perras. Los nombres de las mascotas eranPershka, una pequeña cocker color café y Nefer una enorme y cariñosa bestia rescatada de la calle y cuya raza era imposible de saber. Juro que yo no escogí esos nombres ni vivir con ellas pero es algo que había aceptado con agrado.

En aquella ocasión habíamos pactado con varios amigos y conocidos ir a los famosos Filtros Viejos para pasar un rato paseando perros, conviviendo, fumando algunas hierbas y caminando por aquellos paisajes bien conocidos entre la gente moreliana. Un día antes una tormenta cayó sobre Morelia pero aún así quedamos de vernos en la mañana en el puente de la plaza de Las Américas para subir a los Filtros desde ahí. Nuestro plan era sencillo: yo llevaría a la pequeña cocker en combi (puesto que no poseía transporte propio) hasta el puente y esperaría a mi compañera que viajaba en bicicleta acompañada con Nefer.

Era obvio que nuestro plan era una completa estupidez porque ni la pequeña perra viajó tranquila en la combi y mi amiga viajó con la otra mascota sin correa por las calles de Morelia. Pero ahí estaba yo, esperándola a ella y a nuestros amigos a las 8:00 de la mañana en punto. Pasó media hora y asombrosamente llegó ella en compañía de la perra y con una sorpresa. Según me contó, cerca de la avenida Michoacán, antes de llegar al cruce con el río, un perro; al que recuerdo como negro, con manchas blancas, grande y de ojos amarillos, detectó que Nefer estaba en sus días fértiles y la siguió esquivando coches, cruces y la alcanzó hasta el puente. Después de una hora esperando a nuestros colegas, que por cierto no avisaron si llegarían tarde, decidimos emplazar el viaje a los Filtros Viejos.

La historia se complicó cuando nuestros conocidos nos dijeron que no irían a los Filtros por el lodo de la lluvia de la noche anterior. Cabe destacar que ese aviso nos fue comunicado alrededor de 1 hora después, por lo que ya nada pudimos hacer. De haber sabido lo que se venía al menos hubiera desayunado antes de salir con Pershka en combi.

Mientras tanto el perro enamorado de Nefer mantenía su intención de aparearse. De pronto ya teníamos no solo una, sino 2 perras y 1 perro a nuestro cargo. Entonces mi compañera me sugirió reunirnos con los amigos-queda-mal en los jardines del Planetario donde supuestamente estaban con sus respectivos perros. Decidimos pues ir hasta los jardines del Centro de Convenciones ubicados a una hora caminando.

Durante el trayecto solo pude comprar un maldito yogur y pensar en que quería ahorcar a los ya no tan apreciados amigos que nos habían dejado plantados. Encima de todo teníamos que lidiar con un perro que se quería echar al plato a Nefer. Recuerdo que durante el camino, que fue prácticamente caminar toda la avenida Camelinas hasta su cruce con Ventura Puente, ideamos varias soluciones para el problema del perro invitado. Traté de encerrarlo en un cajero sin éxito. Luego quisimos ahuyentarlo tirándole agua y lo que me sobró de yogur sin éxito. El perro nos había colmado tanto la paciencia que intenté por una última vez meterlo a un edificio y cerrar la puerta pero una persona me vio feo y desistí.  Mi amiga, en cambio solo trataba de proteger a su perra y aplacar su ansiedad ocasionada por los coches. El trayecto fue coronado cuando cruzamos por el puente del Seguro Social y Nefer de pronto ya no quiso caminar más. Nunca entendimos si le tuvo miedo al puente, a la altura o al perro que aún intentaba cogérsela. Aquello se había convertido de desesperante a estresante. Lo irracional se dejaba asomar de manera paulatina.

Tras más de una hora caminando con dos perras, un perro caliente, una bicicleta y suéter innecesario llegamos a los jardines del Planetario. Para nuestra suerte los amigos, conocidos y candidatos a la horca ya se habían ido. Buscamos por todos los corredores, jardineras y árboles al grupo de personas que queríamos apedrear pero no tuvimos éxito. Entonces ocurrió lo previsible.

Paréntesis. Las cosas sucedieron tan rápido que todavía, a unos años de distancia me es imposible explicármelas. He querido escribir cuentos, ficciones o al menos algunos chistes de ello pero no logro convencerme. Por eso he decidido contar la historia así, como si estuviera en una barra hablando con cualquier desconocido medio borracho y sin interés particular. Aun así, la historia creo merece ser concluida. Final del paréntesis.

El perro que quería aparearse me había desesperado. Nefer y Pershka me habían desesperado. Mi compañera me había desesperado y agotado. Yo mismo estaba nefasto y lo que se dice, emputado conmigo mismo. Y sobrevino el colmo de la impaciencia. Aquel perro volvió a intentar montar a nuestra mascota y desató mi ira. Nunca antes me había ocurrido así, pero de pronto me vi con una rama en la mano azotando al pobre animal aquel. También use mi pie para patearlo y toda clase de insultos para ya de una vez echarlo. Pero el perro insistía en aparearse, debí haber comprendido que solo era un animal más buscando preservarse. Entonces, durante mi ira escuché el reclamo de una persona que me preguntaba que por qué le pegaba. -¡Déjalo! ¿Por qué le pegas? Fueron las palabras que todavía recuerdo. Inmediatamente abandoné al perro y me enfoqué en la persona- que resultó ser un chavo como de mi edad- y al que le respondí de manera agresiva.

Las cosas se complicaron ante la mirada atónita de mi compañera. Le grité al muchacho y él me respondió. De pronto quería golpearlo a él y lo insulté más. Llegamos al punto de golpearnos cuando apareció otro muchacho y nos separó. Lo siguiente pasó tan de prisa que solo recuerdo a los dos muchachos preparándose para pelear contra mí, a mi compañera petrificada y a los tres perros perdidos en los jardines. Luego dejé de gritar.

Me calmé y ellos se calmaron. Sin que me lo preguntaran les expliqué la situación del perro. Les conté de nuestros amigos que nos habían dejado plantados. Del perro jarioso y de la caminata por Camelinas. Les dijimos que no habíamos desayunado, que estábamos hasta la madre de toda la mañana y que, para su infortunio, ellos habían aparecido en mi momento de quiebre. Charlamos por una hora o dos. Ellos nos explicaron que estaban ahí para fumar marihuana y nos ofrecieron de su porro. Fumamos, lloré con mi compañera, bromeamos y nos contamos anécdoras con los dos desconocidos y después nos marchamos de los jardines. Jamás los volví a ver.

Finalmente volví a casa con Pershka en la combi. El perro desapareció durante el trayecto, según me contó mi compañera, y de aquella mañana olvidamos todo con una comida. Que yo sepa, jamás hablamos del tema después. Nunca le reclamamos a nuestros amigos y de alguna manera no había algo que explicar o decir.

Hoy, mientras recuerdo con mayor distancia aquellos hechos sigo sin comprender totalmente la ruptura que tuve. Somos animales, claro está y estamos adoctrinados. La moral, la educación, las ideologías y el lenguaje se han encargado de someter esos impulsos irracionales. Pero siguen ahí, pulsando y dando gritos de vez en cuando. Entre lo civilizado y lo salvaje la línea parece volverse un tanto difusa. Lo salvaje puede venir sobre nosotros en cualquier momento, sobre todo si es desesperante y de pronto convertirnos en un cúmulo de mocos, lágrimas, insultos, patadas y sangre. Afortunadamente aquella vez me puse contra dos amigos que solo querían fumar mota en paz. Pudo haber sido algún cholo que me encajara su navaja. O un narco junior desenfundando su pistola o peor: un animalista que me filmara con su celular y me convirtiera el nuevo enemigo público apodado el “gentleman mata perros del Planetario”.

Pero no fue así. Y de alguna manera lo irracional se mantiene. Nunca se va del todo. Suele quedarse y fusionarse con nuestros deseos, nuestros sueños y a veces nuestras manías. Pero carajo, todos tenemos derecho a ser irracionales de vez en cuando.

A veces, cuando veo perros negros con ojos amarillos solo pienso una cosa: ojalá y este sí pueda coger y reproducirse a gusto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s