El Gallo de Oro – Juan Rulfo

Rulfo es sin pensarlo tanto uno de los mejores autores no solo de México, sino de la literatura universal en general. Insuperable, siendo siempre una influencia póstuma y lleno de fuerza narrativa. Pero también es un curioso caso de las letras mexicanas por su corta producción. Tan solo bastó una colección de cuentos y una novela para que el oriundo de Jalisco se convirtiera en referente obligado. Durante décadas Rulfo no volvió a escribir, guardó silencio (él decía que su silencio era porque su tío que le contaba historias había muerto, cosa que probablemente hasta cierto punto era cierta) y se reservó para sí mismo tal vez para siempre.

Por eso resulta curioso que en 1980 se publicara un texto llamado “El Gallo de Oro” y que se ostentaba como el regreso de Juan Rulfo al circuito de la literatura. Pero no pasó nada. El texto, que se anunció como “argumento inédito para una película”, pasó desapercibido tanto así que aún para nosotros, unos 30 años después “El Gallo de Oro” parece una excentricidad que un texto independiente.

No es mi intención aquí relatar la historia editorial del texto titulado “El Gallo de Oro”, para eso existen estudios incluidos tanto en el volumen de la editorial ERA de 1980 como en la supuesta “versión definitiva” de la editorial RM. En ambos textos podemos leer el prefacio donde se nos explica la historia del manuscrito original, de la copia conservada por los herederos de Rulfo y del destino del texto que primero funcionó commo guión de la película “El Gallo de Oro” de 1964 de Galvadón, como argumento para la película del director mexicano Arturo Ripstein titulada “El Imperio de la Fortuna”. En ambos casos, se trata de obras independientes que solo tomaron el texto de Rulfo como punto de partida, con similitudes pero con sus respectivas distancias y diferencias.

*****

Tanto en el texto de ERA como en el de RM podemos leer la historia de un texto, escrito a manera de novela pero pensado en la lógica de las imágenes cinematográficas que preocuparon a Rulfo en su etapa posterior al boom de su éxito literario. Sabemos que Juan Rulfo fue un gran aficionado al cine y tomó a lo largo de su vida como funcionario del Instituto Nacional Indiigenista, una gran serie de fotografías preocupado siempre en los mismos tópicos de su obra literaria. El campo, el fracaso de la revolución mexicana, el misticismo del mundo que dejó de ser indigena y nunca se volvió moderno, el anacronismo de la tierra y el humor negro, aunque derrotista, del campesino mexicano fueron los grandes temas de sus fotografías. En “El Gallo de Oro”, haya sido una novela, un guión o el argumento de una película, podemos leer esta misma preocupación rulfiana.

La novela, por así decirle, comienza con la historia de Dionisio Pinzón. Como cualquier protagonista de una historia rulfiana, Dionisio es pobre, fracasado y es en términos generales un despojo. Vive con su madre, manco de una mano y se gana las pocas monedas para comer gritando noticias y anunuciando peleas en el palenque. Pero el destino le sonríe (o lo transtorna) y le otorga una oportunidad. De ese modo, Dionisio se hace con un gallo moribundo al que cuida y por el que su madre se sacrifica hasta la muerte. El protagonista cambia su suerte al fallecer su madre y tener un gallo con el que decide abandonar su pueblo natal (jurando nunca volver, como Pedro Páramo condenando a la Media Luna) y herrar por el mundo de los palenques y los juegos de azar.

Dionisio prosigue cuando su gallo lo hace ganar peleas y conocer a una mujer llamada Bernarda, conocida como La Caponera quien pronto sustituye al gallo, que ha muerto, y se convierte en su amuleto. Así Dionisio y La Caponera forman una alianza que los inmiscuyé en un círculo de fortuna, dependencia y dominación. Pero esto no ocurre sin antes enfrentar su pasado, cortar alianzas, enfrentar sus personalidades y convertirse lentamente en personas nuevas dependientes una de la otra.

La historia de “El Gallo de Oro” es básicamente la del eterno retorno. Un nihilismo recorre las tierras campiranas de palenques, de eternas partidas de cartas y de vicitudes pobladas por fantasmas que consumen su vida jugando conquián, peleando gallos y deslizando mezcal por sus gargantas como si fuera la vida misma. Dionisio y La Caponera fundan una dependencia de bipolaridad enfermiza. Pero este dúo no solo se consume a sí mismo. Cuando su suerte mejora y dejan la vida herrante, Dionisio logra ganarle todo a su antiguo mentor en las trampas del juego y se establece en una casa donde pasan largas noches jugando a las cartas y teniendo a su esposa La Caponera como amuleto de la suerte.

Es hacia el final del relato cuando la atmósfera rulfiana logra consolidarse y consumir a Dionisio y La Caponera. Estos, quienes ya tienen una hija, se han olvidado se sí mismos y cumplen los designios del eterno retorno. Ambos, marido y mujer, se pierden a sí mismos y como si fueran fantasmas de Comala, se olvidan de la vida y el mundo para cumplir sus deseos como si fueran necesidades biológicas.

Finalmente, la historia de “El Gallo de Oro” parece un cuento extendido o una novela corta con toda la intención de jugar con la experimentación de imágenes fílmicas escritas en palabras. Lo que es el menor de los libros de Juan Rulfo podría ser la mejor obra de cualquiera.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s