Transiciones II.

 Intersticios.

 

Después de dos meses sonó el teléfono. Del otro lado se escuchan voces. De este, gritos, llantos y comienzan los abrazos. Memo nos informa que ganó el concurso, pasado mañana se despide de nosotros.

Juan no quería asistir a la fiesta. Le insistí tanto que finalmente prometí no molestarlo en meses. Pero una vez ya en ambiente y con unos cuántos vodkas encima, conoció a una pequeña mujercita de pechos grandes, cabellos largos y la voz ronca y se fue con ella. Yo también quisiera conocer a alguien a la primera.

Hay cabrones que en serio me dan lástima. Por ejemplo mi jefe, al que todos le decimos Tito. Para todos en la oficina es una persona detestable. Sus más de 120 kilos son apenas la punta de un gran iceberg de idiotez que lo rodea. Siempre fue un hijo de puta con todos, rebajando días, sobrecargando los roles y haciéndose pendejo cuando le pedías unas vacaciones. Menos mal que se ha descubierto su negocio alternativo y los dueños han levantado la denuncia. Eso me hace pensar en los cabrones suertudos y en los cabrones como yo, suertudos que ascienden a jefe cuando al anterior se le destapan las tranzas.

Mi prima se llama Lurdes sin la ‘o’ porque su mamá la registro mal. A todo grupo a donde vamos le han preguntado por su nombre. Pero en doble AA nadie pareció percatarse del chusco error. Llevamos un mes sin probar una gota de alcohol, ojalá eso reviviera a su esposo.

Encontró mis mensajes por un descuido. Apenas había ido a orinar cuando me di cuenta del error. Volví tan rápido como pude a la mesa pero en su cara ya era reconocible el enojo. En cuanto terminé mi cerveza pedí la cuenta. Todo fue silencio en el coche. La dejé en su casa y al llegar a la mía recibí el mensaje. En la pantalla leí DESPERDICIASTE TU ÚLTIMA OPORTUNIDAD. SE ACABÓ, ERES UN CERDO. Entonces supe que no tendría caso volver a la misma táctica. Ni la serenata, ni la borrachera o las amenazas de suicidio funcionarían esta vez. Pero no todo ha sido una pérdida. Volví a sacar mi celular y escribí YA LO SABE, ESTOY LISTO PARA ESTAR CONTIGO, tecleé el número y pulsé ENVIAR. Al menos ya no tendré que soportar al infame ex suegro.

Olga dice que va a extrañar la sombra del árbol que daba entre las 12 y 4 de la tarde. Yo le insistí en llevarnos hasta el viejo tejado que cubría el lavadero. Pero ella dice que no. Sospecho que en la nueva casa, la lavadora nos hará olvidarnos de hacer fuerza con el brazo y plantaremos un nuevo aguacate.

¿Y ya en total cuántos goles metió en su país? Porque déjeme le cuento que viene usted bien recomendado.

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