Apocalypse Now – El Corazón de las Tinieblas.

Tras meses de haberlo pensado, pues ya es un imperativo concluir la lista de los #30 Libros  me había detenido bastante pensando en el número 9 de la lista:  “Uno con una excelente versión cinematográfica”. 

1. Sobre los libros-película, El Padrino, Mario Puzo, Coppola y la aparición de Conrad. 

Libros buenos con malas versiones cinematográficas hay y por montones. Libros buenos con excelentes versiones a la pantalla grande también, desde novelas escritas específicamente y con la intensión de traducirse al lenguaje de la imagen-movimiento hasta los casos de malos libros que acabaron siendo una buena película -aunque claro, estos son la minoría-. Sin embargo ningún libro que yo haya leído personalmente y considere excelente tiene una buena versión de cine. Las películas sobre la Trilogía Millenium (Los Hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un galón de gasolina y La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire) son buenas -recomiendo las versiones suecas y la adaptación aunque hollywoodense, rescatable de David Fincher- . Pero jamás podrán estar al nivel, conceptual, de denuncia, literario y angustiante de las aventuras de Lisbeth Salander y Mikel Blomkvist en papel. Y casos como el último son incontables: aunque la película sea buena el libro sigue superándola por creces.

Pero siempre existen las excepciones. Mi primera opción fue The Godfather, la novela capital, best-seller, y afamada de Mario Puzo. Un libro adictivo, bien escrito, clásico ya de la literatura universal. Al mismo tiempo la historia de la Familia Corleone en su versión cinematográfica es quizá la mejor película del cine clásico. La celebrada inmortalidad de El Padrino se debe a que por encima de la historia de las organizaciones criminales, las traiciones, el asesinato, el valor de la familia, el respeto y la amistad, la historia de El Padrino es la historia de Michael Corleone, la historia de un hombre y su caída en los abismos de las decisiones y consecuencias. La también excelente, casi-perfecta secuela “El Padrino II” está por encima de la primera, superándola en guión, cinematografía, montaje y otorgándole a su director -Francis Ford Coppola y al autor del guión -el mismo Mario Puzo, co-autor del primer guión- el estatutos de genios.

Pero al igual que Michael, Mario Puzo cayó en los desgarramientos del ser humano que otorgan la fama, el dinero y los estatutos de poder. Según Los Tontos Mueren (Fool’s Die) la novela que Puzo publicó después del éxito con “El Padrino” la caída se disfruta mejor si aceptamos abrir las alas y chocar con el piso de manera extendida. “Los Tontos Mueren” paradojicamente trata de los declives, un jugador de las Vegas se suicida, un administrador de casinos acaba asesinado, un poderoso dueño de hoteles envenenado, la amante del protagonista -Merlín, un posible alter ego de Puzo-  aborta, el hermano de Merlín muere, Osano un escrito candidato al nobel que tiene en su haber muchas novelas adaptadas al cine termina en la ruina y muerto. Los tontos mueren es la novela que habla del siguiente y último paso en la carrera de Puzo. Jamás volvió a llenar la expectativa que se tuvo de él, jamás logro volver a colocar una novela suya en el mundo de Hollywood y pasó a la posteridad como el autor de El Padrino.

El caso de Francis F. Coppola no es distinto. Después del éxito de El Padrino y El Padrino II  La Conversación resultó por debajo de las expectativas de la crítica y el mundo del cine -sobre todo en su ramo financiero-.  Con los recursos económicos a su disposición, la fama de haber dirigido y co-escrito El Padrino y su magistral secuela y el buen tacto para producir (American Grafitti de un joven director llamado George Lucas) Coppola tenía en su horizonte lo que se dispusiera a realizar. Entonces apareció John Frederick Milius, un estudiante de la Universidad del Sur de California con un guión adaptado. La adaptación era nada más y nada menos que El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad.

Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad.

Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad.

2. El Congo, Vietnam y los dos Kurtz. 

Debo a Mario Vargas Llosa mi primer encuentro con Joseph Conrad. Fue en La Verdad de las Mentiras la primera vez que alguien me sugirió leer El Corazón de las Tinieblas. Luego por un golpe de suerte me hice de una copia de Apocalypse Now Redux, el montaje final de Coppola. Finalmente, después de haber visto la película llegó a mis manos un ejemplar de El libro de Apocalypse Now: Historia de una película mítica por Peter Cowie quien pudo acceder a los archivos privados de Coppola, de su equipo en las locaciones y la post-producción, entrevistar al director después de haber re-editado su cinta y lanzado Apocalypse Now Redux y a los testimonios de Eleanor Coppola y Hearts of Darkness el documental sobre la película. Sin embargo la pieza central, “El Corazón de las Tinieblas” LA NOVELA que disparó tanto enredo no era de mi conocimiento.

Para mi fortuna no demoré en hacerme de un ejemplar de El Corazón de las Tinieblas contextualizado y prologado por Vargas Llosa. Gracias al prólogo (una especie de re-edición del ensayo dedicado en “La verdad de las mentiras”) el lector está directamente situado en la problemática en El Congo, la supuesta misión civilizadora de Leopoldo II de Bélgica (pariente de Carlota y de Maximiliano, efímeros emperadores de México) y el genocidio de la Compañía en el continente africano. Joseph Conrad fue capitán de un pequeño barco que inicialmente haría un encargo ya acabo en misión de rescate. La figura que atraviesa el relato de Conrad; disfrazado de subjetividad indirecta, es el agente Kurtz, el mayor recolector de marfil y caucho, las preciadas mercancías que movían los intereses de Leopoldo y su Compañía en El Congo.

Joseph Conrad escribió El Corazón de las Tinieblas usando el método de relato dentro de un relato en primera persona. Motivado a no narrar “objetivamente” quizá por el impacto directo en su vida y la naturaleza con la que se lee tan desgarradora odisea, la novela de Conrad va más allá de la anécdota y la denuncia: es un profundo pensar sobre la condición humana expuesta a situaciones límite. La locura y la razón, el cuerpo y la muerte, la vida y la enfermedad, la civilización y la barbarie rompen sus fronteras cuando un lugar como la jungla, El Congo, y el río exuberante de vegetación, peligros y mostrando a la naturaleza tal cual es, ni buena ni mala, lo que Nietzsche llamó como “la inocencia del devenir”.  Tanto en El Corazón de las Tinieblas como en Apocalypse Now el río “que comienza como una serpiente con la cabeza en el océano y acaba con su cola ponzoñosa en lo profundo de la selva continental” es el símbolo de la corrupción, la caída y la pérdida, pero también es la purificación, la ascendencia a un nivel supra-humano y el alejamiento de la vida, de la vida llena de tablas de moralidad, de binomios y valores fragmentarios. Conrad logra escribir un libro que no solo denuncia una masacre y serie de atrocidades, hace de la aventura de Marlow en El Congo una interpretación para comprender los procesos de degradación, la maldad metafísica y la mentira como consolación.

Al final de la novela Marlow logra dar con Kurtz, la figura que junto al río, sirve horizonte. A lo largo del relato Marlow (el marinero que está contando su experiencia en retrospectiva) recolecta datos e imágenes sobre un enigmático agente llamado Kurtz. Cuando al fin después de peripecias, ataques y muertes, Marlow da con Kurtz éste no es mas que la sombra de su figura. De calvicie impresionante, con palabras poéticas y el respeto de sus allegados (aldeanos y empleados de La Compañía) pero sin salud, tumbado y agonizando. El Kurtz que conoce Marlow es distinto del que se imaginaba, de ahí que Marlow al volver a Inglaterra y visitar a la viuda de un Kurtz fallecido en el río prefiera decirle que murió deseando ver sus ojos a decirle la verdad: aquel hombre muere delirando, entregándole unos papeles desconocidos y exclamando ¡Ah el horror… el horror!  Marlow, cumpliendo implícitamente el deseo de Kurtz, prefiere la mentira sobre la horrenda verdad, elije mantener la leyenda de un Kurtz vigoroso, valiente en la última hora y sólido creando un recuerdo suyo a la medida de su vida y obra. Se guarda para sí y sus oyentes el relato de un agente débil, temeroso de morir y delirante, carcomido por la jungla, el río y la locura de El Congo. Así Joseph Conrad nos da una lección sobre la literatura y los límites de la ficción frente al mal benigno y la locura e irracionalidad de la civilización colonial.

El Río, tanto en Vietnam como en el Congo aparece como una serpiente que abre su boca en el continente y descarga su furia en la cola, la ponzoñosa selva que devora la cordura y  bondad humana.

El Río, tanto en Vietnam como en el Congo aparece como una serpiente que abre su boca en el continente y descarga su furia en la cola, la ponzoñosa selva que devora la cordura y bondad humana.

El Congo: Tierra salvaje devastada por La Compañía de Leopoldo II

El Congo: Tierra salvaje devastada por La Compañía de Leopoldo II

El río, la locura, la situación límite y la fragilidad humana también aparecen dentro de los tópicos de Apocalypse Now. A diferencia de la novela, el guión de Millus y Coppola está situado en Vietnam durante la guerra entre el norte y el sur. La Compañía de Leopoldo II es sustituida por las aspiraciones bélicas de Estados Unidos y sus fuerzas armadas y el Marlow que cuenta su aventura en África desaparece para aparecer en forma del Capitán Willard, hablando en off mientras se adentra en el corazón de las tinieblas vietnamitas.  Finalmente, el mayor cambio de una obra a otra es el personaje sobre el que circula la trama: el Kurtz cinematográfico es un Coronel Boina Verde que se ha sublevado y es adorado por una población nativa. El Coronel Kurtz (interpretado por un soberbio Marlo Brando) de Apocalypse Now aparece a lo largo de la película como un genio militar que poco a poco ha sucumbido a la locura de la guerra, el poder y las aspiraciones metafísicas elevando su leyenda a la categoría de semi-dios asesino y cauteloso, dueño de una fuerza peligrosa y desconocida escondida en lo profundo del río. Kurtz se vuelve una idea para Willard a la que hay que alcanzar moviendo su viaje literal y metafórico.

La diferencia radical entre el Kurtz de Conrad y el de Coppola es mostrada (spoiler a continuación) casi al final de la película. Después de varias paradas, casi al final de una “odisea”, el Capitán Willard y su equipo (o lo que queda de él) llegan al reducto donde Kurtz los espera.  Han hecho estaciones que los van cambiando, quizá la primera de ellas en cuestión de violencia es la más profunda. Después de conocer a su equipo Willard necesita partir de una bahía. Para ello requiere de la caballería (fuerza de ataque) de un Coronel Teniente, un cowboy que se toma la guerra como distracción del surf. Kilgore (Robert Duvall) emplea la fuerza de sus helicópteros para bombardear una aldea y dejar libre la salida al barco y equipo de Willard. Con Wagner de fondo y la cabalgata de las valquirias tenemos una se las secuencias mejor logradas de la película y quizá del cine norteamericano. Un sublime despliegue de fuego y muerte se muestra ante nosotros revelando la capacidad destructiva de la civilización, el marfil, la esclavitud y el genocidio en El Congo desaparece remplazado por explosivos napalm, lluvias de bala, drogas psicodélicas, rock y masacres indiscriminadas. Después de la parada con Kilgore, el encuentro con conejitas Play Boy, el puente colapsado al que los soldados disparan, el tigre en la selva, la masacre en un sapán contra una familia de pescadores, la muerte de dos tripulantes por unas “inocentes” flechas y una larga secuencia de con una familia francesa. Finalmente, sin el capitán del bote “Jefe” y el mecánico “Limpio”,  el capitán Willard, “Chef” y Lance el surfista llegan a los dominios de Kurtz. El encuentro está preparado.

Tal y como hemos señalado, la diferencia puntual son los dos Kurtz. Al llegar Willard a la zona de Kurtz uno imagina devastación, guerra dentro de la guerra y una bienvenida violenta. Cuando la nave llega ante el templo unos cuerpos colgados adornan la entrada, cabezas en estacas y un enigmático personaje da la bienvenida a Willard y su gente. El personaje del fotógrafo (mezcla del ruso que asiste al Kurtz de Conrad  y el harlequín del Congo) ofrece sus servicios de guía para llevar a Willard finalmente con el Coronel Boina Verde Kurtz.

Mientras que en El Corazón de las Tinieblas Kurtz es el fantasma de lo que de él se dice, Kurtz de Apocalypse Now es la figura que Willard imagina. Después de escuchar su voz y emerger de la sombra, una calva como media luna aparece ante el espectador. Es el Coronel, el temible y sabio Kurtz dejándose descubrir por un Willard curioso y transformado. Al igual que él, aquel hombre también conoce los horrores de la guerra. Y en ese momento surge la diferencia: Willard después de ser cautivo por voluntad propia, de escuchar a Kurtz y entender que él es el pilar de aquellos salvajes, finalmente comprende que son hombres semejantes. Willard comienza el ritual del remplazo. Kurtz, poderoso, alto, calvo y fuerte podría matar a Willard, podría hacer que sus acólitos le dieran muerte a Lance y Chef incluso al fotógrafo. Pero Kurtz es Dios y Dios a veces exige morir, quiere que lo maten porque está cansado de ser el todopoderoso, el máximo referente. Willard en el final que Coppola dejó como definitivo, mata a Kurtz y se convierte en él. Los “salvajes” ahora lo adoran, necesitan de ese semi-dios para mantener su equilibrio y ven en Willard a Kurtz, al único hombre que fue capaz de reemplazar al Coronel para quizá después también ser reemplazado o muerto por sus mismos  feligreses. La metáfora del Dios que necesita ser asesinado es infinita en significados e interpretaciones, Apocalypse Now nos ofrece al igual que El Corazón de las Tinieblas una crítica no solo a la devastación de la “civilización” sobre la “barbarie”. Tenemos dos muestras, realizadas con grandeza, sobre los procesos de ascenso y caída de todo ser humano, en el plano social y en el plano psicológico. La locura, el mal, el poder y el viaje donde encontramos lo más oscuro de nosotros es la travesía que Conrad realizó como oficial en El Congo, es el relato de Marlow y su admiración por Kurtz, es la guerra de Vietnam y la derrota de Estados Unidos. es Willard convirtiéndose en Kurtz, es el Coronel Kurtz también exclamando ¡El horror.. el horror! sin miedo a morir, es Willard-Kurtz emergiendo de las tinieblas.

El Coronel Kurtz, de impresionante calvicie, elevado a semi-dios, adorado por los nativos y seguido por los niños.

El Coronel Kurtz, de impresionante calvicie, elevado a semi-dios, adorado por los nativos y seguido por los niños.

Dennis Hopper como el desequilibrado fotógrafo y embajador del poder de Kurtz, mezcla de Sean Flynn fotógrafo de guerra y el ruso vestido de harlequín en la novela de Conrad.

Dennis Hopper como el desequilibrado fotógrafo y embajador del poder de Kurtz, mezcla de Sean Flynn fotógrafo de guerra y el ruso vestido de harlequín en la novela de Conrad.

El apocalipsis de las tinieblas.

Tanto en Apocalypse Now como en El Corazón de las tinieblas se nos ofrecen muchas metáforas para nombrar lo inefable en el corazón humano. El corazón mismo aparece como un simbolismo de eso que llaman alma, psique o simplemente conciencia. El corazón expuesto y flotando sobre el río (de El Congo o de Vietnam) se desgarra haciéndose negro, apocalíptico y salvaje. Se desangra en el cauce del río y lo tiñe de locura, de irracionalidad pero le devuelve la naturaleza y lo primigenio que la civilización y la razón instrumental y mercantil le arrancaron.  El río se traga a Marlow, a Conrad, a Coppola y a Willard. Abajo en el río están los dos Kurtz, la muerte de la tripulación en Vietnam, las aldeas quemadas por napalm, el marfil y los negros mutilados, los aldeanos sin cabeza y la carnicería de la Compañía de Leopoldo II. Después de viajar a través del río, sobre él en un bote o una barca solo espera llegar al destino “sin salirse del río, sin abandonar el barco”. En Apocalypse Now Willard intenta jamás salir del río y el barco. Cuando lo hace en una primera ocasión -con Kilgore- ocurre la devastadora escena de los helicópteros. Luego cuando vuelve a tocar tierra la locura del sexo y las conejitas, después los soldados drogados y locos disparando a la nada, el tigre en la jungla y la familia francesa perdida, detenida mejor dicho, en el tiempo. Finalmente Willard acepta su transformación y emerge del río aceptando las tinieblas en su corazón. Diciéndonos con la determinación de matar a Kurtz un escalofriante !APOCALIPSIS AHORA!

Apocalypse Now es desde mi perspectiva una de las mejores adaptaciones al cine de una de las grandes obras de la literatura universal. La diferencia entre El Padrino película (quizá la mejor película del cine moderno norteamericano) y El Padrino novela es el lenguaje. Mientras que la película y la novela apenas si se distancian en el tiempo, tanto así que Mario Puzo adaptó su primera novela para la película y escribió parte del guión de la secuela. En cambio en El Corazón de las Tinieblas y Apocalypse Now la distancia es sino enorme, considerable respecto a los periodos de Conrad y Coppola. La película cumple con el concepto de traducción; traiciona al relato del que se inspira dándole otra interpretación. En esencia el relato de Conrad está a lo largo del metraje de la cinta pero permanecen como dos obras distintas. Surge de ambas un diálogo, un juego de conceptos e imágenes, ninguna es mejor que la otra. Ambas obras encierran una belleza y una denuncia por sí mismas. Es el mejor ejemplo de una adaptación, dos joyas inmortales de la ficción y el arte.

El impresionante despliegue militar de los helicópteros Huey, máquinas de guerra y aparente civilización.

El impresionante despliegue militar en la secuencia de los helicópteros Huey con Wagner como estandarte de occidente, máquinas de guerra y aparente civilización en tierras hostiles. La emblemática imagen del río y la violencia irracional de la razón bélica e ilógica.

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