Noche de Puréperock.

Uruapan Michoacán, 9 de agosto de 2013. La noche cayó sobre Uruapan y las nubes se cargaron de color grisáceo. La plaza Izazaga, mejor conocida como “La Ranita” por la fuente con una rana de adorno, se llenó de gente esperando el “Concierto de Tradición y Nuevas Rolas”. Evento que celebró la creatividad y la tradición en el marco del Día Internacional de las Poblaciones Indígenas. Todo ello gracias al esfuerzo en conjunto de un grupo de estudiantes de Artes Visuales de la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana y varios organismos culturales y secretarías del Estado, concretamente el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) a través de la Dirección General de Cultural Populares (PRODICI) y su Unidad Regional en Michoacán.

La primera de las bandas anunciadas en el cartel en saltar al escenario fue Zyanya-Anáhuak. Escenario que cabe mencionar, bien montado. Luces, escenografía y una pantalla donde se proyectaron imágenes que más tarde fueron clave en el evento. Zyany-Anáhuak es un conjunto de entusiastas, algunos estudiantes de música y otros simplemente amantes de ella, que con una serie de instrumentos artesanales (hechos por ellos mismos) nos deleitaron con un cuarteto de melodías que versaron entre el estilo “prehispánico” y la música instrumental purépecha. Cabe aclarar que el estilo “prehispánico” es una manera de llamarle a este tipo de música, como lo hicieran el referente más conocido en esta línea musical Jorge Reyes, también oriundo de Uruapan. Las piezas de Zyany-Anáhuak fueron acompañadas de una breve introducción sobre la cosmogonía purépecha, las leyendas y el origen de ciertos tópicos en la idiosincrasia de la región, muestra de ellos fue la danza del coyote o la alabanza a Tláloc dios de la lluvia. Algunos fuimos temerosos de que la danza a la lluvia efectivamente cobrara su parte y la lluvia que amenazaba en caer se hiciera efectiva. Por fortuna Tláloc estaba más ocupado y la noche bajó de lleno en la Plaza Izazaga para que Zyan-Anáhuak concluyera su acertada participación en la aclamación de ¡Otra otra! Y se despidieran entre aplausos, chiflidos y un ambiente de expectativa puesto que el concierto había empezado con el pie derecho.

Todo esto se vino abajo, hay que ser críticos con el evento y su logística, cuando un cuartero de guitarras subió al escenario. Se trató de Los Reyes de la Sierra, un grupo de animados en uniforme norteño que ofrecieron al público una serie de canciones. Si algo supieron hacer Los Reyes de la Sierra fue improvisar. En algún punto confundí su propuesta con una muestra de virtuosismo en la guitarra –su requintos dejaron mudo a más de uno- y la guitarra tocada en la nuca pasmó al honorable. Pero más allá de esos fugaces momentos de lucidez el conjunto padeció la incomprensión de la gente y la sombra que había dejado Zyan-Anáhuak. Más allá de esos hechos, Los Reyes de la Sierra se mostraron entusiasmados y agradecidos y el público les aplaudió la osadía y las ganas de mostrar que en Turícato (lugar de origen de la agrupación) también saben hacer largos solos de guitarra y distorsión sin desafinar.

La noche prosiguió su curso, la plaza comenzó a despejarse y en algunos rincones el alcohol hizo su silencioso efecto cuando el Trio Tanimu Pireriicha subió al escenario. De ellos hay que resaltar el valor, no fue nada fácil tocar para un público que no consume pirékuas y sabe absolutamente poco de la lengua purépecha. Lo hicieron con determinación, auto-convencimiento y al final a pesar de la incertidumbre de la gente bajaron con la frente en alto mostrando que también su música merece ser escuchada. El evento tuvo su mayor debilidad en el elemento que tomó la batuta. Se trato de una propuesta electrónica. El DJ Purépecha-Son-Sistema quiso (aún no sé si lo logro) prender el ambiente con una serie de mezclas entre la música purépecha, los sonidos propios de la región, la cumbia y el house con tintes de psycotrance. La propuesta resultó muy posmoderna para algunos, divertida para otros y de bostezo para la gran mayoría. Sin embargo Purépecha-Son-Sistema nunca decayó en su afán de continuar el contexto de tradición y nuevas rolas, y al final sorprendió con una electrocumbia que a más de uno puso a bailar. Al final algo tan arriesgado inquietó pues la siguiente propuesta en el line-up fue todavía más arriesgada.

Un elemento importante en el Concierto de Tradición y Nuevas Rolas fue la parte visual. Con Ciudad Psilocybe el público comprobó que la pantalla que estaba atrás del escenario no era nada más porque si. La quinta agrupación en tocar explicó que su nombre se debe a la sustancia activa de los hongos alucinógenos, pero ello no remite a que su música sea una especie de droga. Se trata más bien, en voz de su bajista, de un viaje espiritual que conecta la cultura indígena y la lucha de estos pueblos por resistir y mostrarnos que hay otra forma de vida opcional a la modernidad globalizada en la que vivimos. Con Ciudad Psilocybe se vivió el momento más reflexivo de la noche. A través de sus melodías, mezclas de jazz y elementos autóctonos, las poderosas imágenes de Michoacán proyectadas en la pantalla; autoría de Giovani Ocampo –director de documentales y titular de la Cooperativa para los Condimentos de la Acción Cinematográfica- y el juego de luces, la noche, las bailarinas contorsionándose, el psilocybe que se respiró en el aire hicieron de la quinta intervención la mejor de la noche. Cabe destacar el acertado uso de los largos planos secuencia y los travelings cinematográficos que plasmaron otros momentos de Ciudad Psilocybe en conciertos de pequeños bares en Morelia. Para quiénes gustan del cine, la música, la danza y las expresiones del arte audiovisual aquello fue una verdadera muestra de tradición e innovación.

Finalmente la velada cerró con Eleven Towns, una obvia referencia al sonido de los Once Pueblos que conforman la región Purépecha. El sonido de Eleven Towns destacó porque supo cerrar un concierto multicultural e interdisciplinario. Su mezcla de elementos abajeños y de rock, instrumentos como el clarinete, la guitarra eléctrica, la tuba y la batería, incluso la danza tradicional conocida como Danza de los Curpites hizo su aparición después de un largo solo de guitarra. Con Eleven Towns el Concierto de Tradición y Nuevas rolas cerró su aparición en la perla del cupatitzio, la ciudad que eternamente florece, Uruapan Michoacán. Nos queda el agradable recuerdo, la gratitud a las autoridades correspondientes y a los organizadores por traer este agradable e interesante concierto y la esperanza de que el siguiente año regresen más armados, más innovadores pero sobre todo, más difundidos.

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