Farabeuf – Salvador Elizondo.

Ese libro… ¿recuerdas?… el libro que alguien dejó olvidado en esa casa y entre cuyas páginas amarillentas encontraste dos cartas; una que describía un incidente totalmente banal ocurrido en la playa de un balneario lujoso y otra, redactada febrilmente, un borrador tal vez, muchas de cuyas líneas eran ilegibles y que hablaba de una curiosa ceremonia oriental y proponía, al destinatario, un plan inquietante para conseguir la canonización de un asesino… ¿recuerdas ese libro?

Reto de los 30 libros: 8º Uno para leer en fragmentos.

“Farabeuf o la crónica del instante” del escritor mexicano Salvador Elizondo se publicó por primera vez en 1965 y desde su aparición y traducción a múltiples lenguas permanece como una obra única dentro de la producción literaria tanto de Elizondo como de la narrativa mexicana contemporánea.  “Farabeuf” como se llamó en su primera edición (el complemento Crónica del instante se añadió después ) es quizá el libro más enigmático con el que me he topado (¿es una novela, un cuento largo, un ensayo o como lo sugiere el autor, una crónica de un instante, un experimento literario?). Carece de una historia lineal, el planteamiento, nudo, clímax y desenlace parecen no existir, y si los hay importan poco. Solo después de unas cuantas lecturas y re-lecturas podemos sintetizar la trama del libro, que sin embargo no agota por nada el contenido y el significado de Farabeuf.

La trama, llevada por una serie de voces -la más usada proviene de un narrador omnisciente-  cuenta la historia (precisamente por eso es crónica) de un momento preciso. Un sujeto está haciéndole recordar a una mujer (¿cómplice?) su participación en un ritual de adivinación, sus pláticas y acercamientos sadomasoquistas y eróticos  con un doctor conocido como Farabeuf (personaje histórico del que se inspiró Elizondo) y una serie de detalles sobre la enigmática foto que adorna las páginas del libro. El instante del que se hace la crónica es implícitamente el mostrado por la fotografía. El antes, durante y después están alternados, cortados y pegados durante todo el libro. Esta es aparentemente la trama de Farabeuf, la crónica de una fotografía.

Un método de mutilación aplicado en China hasta comienzos del siglo XX ha sido Leng-tché (‘descuartizamiento en trozos’ o ‘muerte por mil cortes’), también conocido como Fu-zhu-li, la única foto conocida del suplicio chino y que sirve de punto centrífugo a la trama de Farabeuf.

Un método de mutilación aplicado en China hasta comienzos del siglo XX ha sido Leng-tché (‘descuartizamiento en trozos’ o ‘muerte por mil cortes’), también conocido como Fu-zhu-li, la única foto conocida del suplicio chino y que sirve de punto centrífugo a la trama de Farabeuf.

Sin embargo, y pese a las confusiones que puede ocasionar en lectores “ingenuos” Farabeuf va más allá. El erotismo, el tiempo, las teorías de montaje cinematográfico (el principal referente es Sergei Einsenstein, director soviético) el dolor y los límites del placer, la fotografía, la memoria y el recuerdo, el collage, la subjetividad alterada, la adivinación I-Ching, la tortura de los mil pedazos (Ling Chi o Leng T’ché) y los límites de la literatura y el cuerpo. Estos son solo algunos de los tópicos de Farabeuf.

Cuando a Salvador Elizondo se le preguntaba que de qué trataba su novela -cínico y soberbio- reía de la pregunta. Su respuesta era simple: Farabeuf es solo un libro que se lee, por fragmentos, por tirón o por disgusto. Coincido plenamente con la respuesta. La Crónica del Instante debe ser leída e interpreta así, en su sentido más amplío, general y simple. Un libro que se lee, y mejor si es por fragmentos llegando a romper la estructura general a la que estamos acostumbrados. De la página 1 a la 100, de la 34 a la 63, de la fotografía cerca del último cuarto hacia el inicio y perderse en las citas, los símbolos, los fragmentos y las voces. Farabeuf es lo que atinadamente se ha llamado “una lectura incontextual”, un desafío a quienes buscamos libros diferentes, complejos en apariencia pero simples a la hora de aceptar la derrota: leer por el simple hecho de ejercitar el gusto por la ficción.

Hoy es un día especial, una hora especial, un instante, aunque sea sólo eso, en que espero ver colmado mi deseo. Debes prepararte con toda conciencia, no sin cierta humildad, a pasar por esa prueba, por esta ceremonia capital. No turbes ya las cosas que nos rodean. Todo es sólo un instante. Mantén tu mirada fija en ese signo que has ideado. Yo hago lo posible por ayudarte. Es preciso que estés dispuesta, que aceptes este sacrificio con todas sus consecuencias; no debes dudar un solo momento de mis buenas intenciones. Quiero, en cierta forma, revelarte un misterio inaccesible; quiero dilucidar, para que tú lo sientas con toda su inexplicable verdad, el misterio que te mantiene inmóvil ante mí. Comprenderás, cuando llegue el momento de hacer la señal al meneur, cual ha sido la verdadera significación de este instante. No temas. Considera este ejercicio como una disciplina interior, como una meditación que conduce al éxtasis, te darás cuenta, estoy seguro de ello, de que tu cuerpo desfallecerá huyendo de ti misma y solo su significado, su esencia ultima, se concretara en las palabras que tu digas… ¿recuerdas?

Muerte por mil cortes, también llamada "Muerte de los mil y un cortes" o "Muerte de los cien pedazos" (en chino, Ling Chi o Leng T’ché) fue una forma de suplicio chino utilizado hasta principios del siglo XVIII para ejecutar penas de muerte.

Muerte por mil cortes, también llamada “Muerte de los mil y un cortes” o “Muerte de los cien pedazos” (en chino, Ling Chi o Leng T’ché) fue una forma de suplicio chino utilizado hasta principios del siglo XVIII para ejecutar penas de muerte.

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