El “Eterno Retorno” como espiral y la crítica al tiempo de la modernidad en Nietzsche.

El relato de cómo Nietzsche concibe lo que él mismo llama “su pensamiento más profundo” el llamado «Eterno Retorno» [de lo idéntico] está contado en una anécdota en Ecce Homo escrita en “agosto del año 1881: anotado en una hoja a cuyo final está escrito: «A 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo»”.[1] 1881 es un año crucial en este desarrollo conceptual-vivencial de Nietzsche. El año comienza con un duro invierno donde su condición física se vuelve precaria. Nietzsche cumplirá dos años de haber abandonado la cátedra en la Universidad de Basilea debido a los intensos dolores de cabeza, a los malestares del cuerpo y la lenta enfermedad que cada vez lo hace segregar más. Se ha vuelto una sombra para el mundo académico, y a él parece no importarle esto pues como señala en Ecce Homo:

La enfermedad me saco con lentitud de todo aquello: me ahorro la ruptura, todo paso rápido, violento y escandaloso. No perdí  entonces ninguna benevolencia y conquisté varias más. Le enfermedad me proporcionó asimismo un derecho a dar completamente la vuelta a todos mis hábitos: me permitió olvidar, me ordenó olvidar; me hizo el regalo de obligarme a la quietud, al ocio, a ser paciente ¡Pero esto es lo que quiere decir pensar![2]

Gracias a este retiro prematuro Nietzsche puede aislarse en los pasajes solitarios que más tarde le darán la inspiración y las claves del “Sí a la vida” que anuncia su filosofía de madurez[3]. Mientras tanto se da a la tarea de seguir la parte crítica de su filosofía, ya había escrito Humano demasiado humano una crítica a la modernidad y sus valores (entre ellos la salud y la enfermedad, el tiempo, la ciencia, la subjetividad y la falsa felicidad del progreso) y su segunda parte El viajero y sombra. El invierno de ese año es duro, Nietzsche pasa en Génova (ciudad italiana cercana al Mediterráneo) días solitarios, escribe cartas a sus ex compañeros de la Universidad, a su madre, a sus amigos. Publica Aurora, libro que como señalará en Ecce Homo “Este libro que dice sí derrama su luz, su amor, su ternura nada más que sobre cosas malas, les devuelve otra vez  «el alma», la buena conciencia, el alto derecho y privilegio de existir”.  ¿Qué significa este año en la vida y la obra de Nietzsche? ¿Qué relación hay entre la Aurora que anuncia el gran mediodía, el decir sí  y la crítica a los valores, bueno-malo, devenir, progreso y tiempo moderno?

Aurora refleja de forma más explícita la preocupación de Nietzsche en torno al problema de la vida, incluyendo en él “lo bueno” “lo malo”, la conciencia, la temporalidad y el movimiento. En dicha obra encontramos cada vez más el problema del perspectivismo[4], en este caso aplicado a los valores morales que rigen la vida y sus formas. En 1881 con Aurora Nietzsche comienza ya otra etapa de su filosofía: la que se encarga de decir tres veces NO. El primer No que es el rechazo a los valores inmóviles (básicamente los valores modernos que pretenden establecerse como universales, inmóviles y aptos para “civilizar” el resto de la humanidad) el segundo NO será mostrar cómo estos valores surgen en condiciones diferentes a las actuales, por ejemplo el pensamiento trágico griego que difiere de lo que el romanticismo quiere manifestar como trágico (o el mismo Eterno Retorno, siendo el retorno nietzscheano distinto al de las antiguas civilizaciones, incluyendo la griega). Y el último NO, aquel que se encarga de decir sí, de proponer nuevos valores, de invertir el sentido de un concepto, de un precepto o de una mirada (Es el León de Las tres transformaciones del espíritu que se cuenta en “Así habló Zaratustra”. León que se encargará de romper los valores muriéndose con ellos para dar paso al niño, símbolo de un nuevo comienzo).[5] Nietzsche comienza a elaborar su plan triple: Crítica, genealogía y trasmutación (o transvaloración) final de todos los valores. Plan que en agosto de ése mismo año se revela en la roca de Sils-Maria “a seis mil pies sobre el nivel del mar, y más alto todavía que las cosas humanas.” Cuando el eterno retorno tiene su primer esbozo conceptual.[6]  El Eterno Retorno aparece por primera vez en la cabeza de su autor, en la hoja donde Nietzsche apuntó la idea que le vino en la roca de Sils-Maria puede leerse lo siguiente:

El retorno de lo idéntico.

                   Esbozo

  1.              La asimilación  de los errores fundamentales.
  2. La asimilación de las pasiones.
  3. La asimilación del saber, incluso del saber que renuncia. (Pasión del conocimiento.)
  4. El inocente. El individuo como experimento. El aligeramiento, el rebajamiento, la debilitación de la vida –transición.
  5. El nuevo centro de gravedad: el eterno retorno de lo idéntico. Importación infinita de nuestro saber, de nuestro errar, de nuestros hábitos y modos de vivir, para todo lo venidero. ¿Qué hacemos con el resto de nuestra vida – nosotros los que hemos pasado la mayor parte de ella en la más esencial ignorancia? Nos dedicamos a enseñar esta doctrina, -es el medio más eficaz para asimilar nosotros mismos. Nuestra especie de felicidad como maestros de la más grande doctrina.

Primero de agosto de 1881 en Sils-Maria, a 6.000 pies sobre el nivel del mar y mucho más alto todavía sobre todas las cosas humanas.[7]

Ese mismo año, en octubre Nietzsche se vuelve a trasladar a Geneva. Ahí ocurre el mencionado episodio de San Enero en el año de 1882, donde Nietzsche pasó de los días finales del 81 hasta el inicio del 82. Es durante este periodo que en la cabeza de Nietzsche se encuentran las intuiciones que desde joven le abordaron; el pensamiento trágico cada vez más se transforma en afirmación de la vida, el romanticismo que alguna vez arropó (esto bajo las figuras de Wagner y Schopenhauer) transmuta en su visión perspectivista de lo que llamará Voluntad de Poder, y finalmente la inocencia del devenir que había formulado bajo la figura de Dionisio-Apolo se tornará cada vez más profunda hasta el grado de necesitar un profeta. El profeta del devenir inocente, finito en su flujo e infinito en su totalidad será la figura del Zaratustra. Esto lo podemos saber gracias a las revelaciones que tardíamente hace el propio Nietzsche en sus cartas, su reveladora biografía Ecce Homo y los pasajes que Zaratustra (personaje principal de la homónima obra) vive, muchos de ellos vivencias del propio autor elevadas al plano poético. La primavera de 1882, después del San Enero (título del cuarto libro de su nuevo trabajo, título que tiene origen en otro episodio anecdótico-filosófico en la obra de Nietzsche) el autor de Aurora  prepara su nueva obra llamada “La Gaya Ciencia”.

¿Cuál es el siguiente paso en la filosofía de Nietzsche en su relación con la temporalidad? En Gaya Ciencia, precisamente en el libro llamado “San Enero” podemos encontrar ya la primera formulación, en forma de aforismo, del Eterno Retorno. Recordemos que dicho aforismo está escrito meses después del primer esbozo, por lo que contiene la carga filosófica de éste con una escritura ciertamente fabulada, propia del estilo de Nietzsche. En “San Enero” cuarto libro de La Gaya Ciencia, el aforismo número 341 titulado “El peso más pesado” Nietzsche nos dirá:

Suponiendo que un día, o una noche, un demonio te siguiera en la más solitaria de tus soledades y te dijera: «Esta vida, tal como la has vivido y estás viviendo, la tendrás que vivir otra vez, otras infinitas veces; y no habrá en ella nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande en tu vida te llegará de nuevo y todo en el mismo orden de sucesión» […] ¡La pregunta ante todas las cosas!: «¿Quieres esto otra vez y aún infinitas veces?» Pesaría como peso más pesado sobre todos tus actos. O ¿cómo necesitarías amarte a ti mismo y a la vida, para no desear nada más que esta última y eterna confirmación y ratificación?[8]

El anterior fragmento podría ser una seudo-explicación lo que le sucedió a Nietzsche (me refiero al extraño suceso que lo llevo a la locura y la enajenación mental) eso y causas patológicas que ya arrastraba, el cuadro clínico que terminó con la vida intelectual del autor de Zaratustra podría ser la muestra de la total afirmación y transvaloración final del orden moral y temporal de la realidad. Más allá de lo anecdótico la dificultad de tan sólo pensar una existencia que se repita en todas sus caras y sobre todos sus lados más que sonar a afirmación parece penitencia. Aquí, gracias a la interpretación de Gilles Deleuze[9], comienza la doble forma del Eterno Retorno: el retorno como pensamiento cosmológico, físico y vital, y el retorno como selección ética y actitud ante el devenir. A continuación trataremos de aclarar con la interpretación de Deleuze el significado del eterno retorno, primer como pensamiento cosmológico, y después como selectivo y ético.

Parecería que ni el propio Nietzsche se atreve a formular su eterno retorno de manera expresa, el uso constante de fábulas, cantos, poemas y figuras retóricas aparece si bien no como obstáculo, tampoco permite un acercamiento del todo filosófico-racional a lo que el autor quiso decir con semejante doctrina. De ahí la importancia de la interpretación, sabiendo que de hecho el estilo nietzscheano implica genealogía: buscar sentido y valor de lo que se está leyendo. ¿Cuál es el sentido del eterno retorno como doctrina de lo que hay, cosmológica y física (physis)? Si bien es cierto que en Gaya Ciencia aparece por primera vez semejante cosa, es en Así habló Zaratustra donde el eterno retorno emerge. Al final del segundo libro (escrito a finales de 1833) la metáfora del eterno retorno surge llevando al profeta del superhombre, Zaratustra, a un estado de terror que lo impulsa a dejar a sus discípulos.[10] Todo el tercer libro del Zaratustra está dedicado al tema. En él se cuenta de un viaje de Zaratustra y una visión y enigma que tuvo[11]. Visión porque representa algo fuera del flujo del devenir común, y enigma porque ni al mismo Zaratustra, (Nietzsche) le queda claro cómo interpretar ése enigma. En él se cuenta de una culebra que atravesaba en la garganta y el hombre sólo puede liberarse de ella mordiendo y arrancando la cabeza. Entonces ríe “como nunca antes había reído un hombre sobre la tierra”[12]. La serpiente que ve Zaratustra difiere de la que tiene por mascota. Deleuze opina que el Águila y la Serpiente que Zaratustra lleva por mascotas representan al eterno retorno: la serpiente enrollada representa lo terrible de la repetición, lo insoportable, la certidumbre de que “todo regresa”. El águila, con la serpiente enrollada a su cuello, dando vueltas sobre el cielo, representa el otro círculo, el del carácter selectivo, pero todavía en su estado animal, ambos son la alianza, el anillo y el círculo del devenir y el retorno, la pareja Dionisos-Ariadna (que ya había sido nombrada en El nacimiento de la tragedia)[13] Aunque, siendo animales, todavía no representan el eterno retorno del enigma, de la serpiente decapitada y el horror de Zaratustra. ¿Cuál es la salida al horror de que todo habrá de retornar eternamente? ¿Por qué Zaratustra no puede, o no quiere comunicar la doctrina?

Las respuestas, más allá de ser las correctas o no, las hallará el propio Zaratustra en los demás personajes: los últimos hombres, el nihilismo encarnado.

¿Qué le impide a Zaratustra conocer el significado del enigma? La misma condición que no le permite a Nietzsche encontrar un porque a sus dolencias, la misma condición que hace de los últimos hombres precisamente hombres: el eterno retorno parece superar la noción de humanidad, parece ir y buscar algo “más allá” de lo humano, supra- o trans-, superhombre. Zaratustra no es el superhombre, es su profeta. De él depende que la doctrina de que Dios ha muerto (el nihilismo en su penúltima etapa) llegué a los hombres aptos para volver a comenzar el plan civilizatorio; la historia del pensamiento es la historia del nihilismo. El eterno retorno quiere terminar con la negación de la vida, con la falsa fe en la objetividad poseedora del devenir y la temporalidad abstraída del mundo. El platonismo (Sócrates), el cristianismo (la escolástica), la racionalidad moderna (Kant y el racionalismo), el positivismo y la ciencia (Comte. y Darwin) el nihilismo romántico (Schopenhauer) son las etapas del nihilismo, la idea de Aurora comienza a tener sentido: un nuevo “amanecer” se dibuja en el horizonte, aunque para que acontezca es necesaria la muerte del camello, del león y el nacer del niño. Muerte figurativa y física de los últimos hombres. Así, entendiendo la dificultad del eterno retorno podemos leer con Deleuze:

Nietzsche presenta la finalidad de su filosofía: liberar el pensamiento del nihilismo y de sus formas. Y esto implica un nuevo modo de pensar, una conmoción del principio del que depende el pensamiento, una reincorporación del propio principio genealógico, una «transmutación… Nietzsche es el único que no gime sobre el descubrimiento de la voluntad, que no intenta conjurarla ni limitar su efecto. «Nuevo modo de pensar» significa: un pensamiento afirmativo, un pensamiento que afirma la vida y la voluntad en la vida, un pensamiento que expulsa, finalmente, todo lo negativo. Creer en la inocencia del porvenir y del pasado, creer en el eterno retorno.[14]

El eterno retorno, como doctrina acerca del cosmos y la física, anuncia un espiral: hay una línea que anuncia la finitud de la existencia, Nietzsche cree en un inicio de la vida y un final, pero hay dentro de esta finitud una infinitud que se ilustra con el círculo dentro de la línea. Nietzsche también cree en la repetición de ciclos dentro de la línea, el Ser es el propio retornar en sí mismo “Al utilizar la expresión «eterno retorno» nos contradecimos si entendemos: retorno de lo mismo. No es el ser el que vuelve, sino que es el propio retornar el que constituye el ser en tanto que se afirma en el devenir y en lo que pasa.”[15]

Criticar el nihilismo es asumirlo también: la genealogía (buscar el sentido y el valor) implica un ejercicio de psicología: desde Humano, demasiado humano hay una idea que recorre la obra de Nietzsche. No se puede criticar un valor sin asumirlo desde adentro. Zaratustra cae convaleciente al final del tercer libro, el nivel de interiorización el horror de que el retorno se el ser del devenir, la catástrofe de la civilización moderna es tal que el nihilismo la ha consumido hasta cegarla del carácter eterno en el devenir. Son los animales de Zaratustra quienes lo despiertan del largo sueño de convaleciente, esto para que en un último intento, el profeta del superhombre intente “pescar hombres”. Los que acuden a su llamado [16] serán precisamente los portadores de los grandes valores: dos reyes, un asno, un papa, el más feo de los hombres, el hombre de la sanguijuela, el méndigo voluntario, un mago, un adivino, y una sombra viajera. Zaratustra intenta enseñar por última vez el carácter eterno del retorno, la idea del superhombre como horizonte para salvarnos del nihilismo y la afirmación de las fuerzas de la Voluntad de Poder. Está por demás contar que tal intento fracasa, y Zaratustra decide partir al iniciar el gran mediodía. ¿Significa que el eterno retorno no puede triunfar como doctrina cosmológica, no puede ser comunicada y el propio Nietzsche fracasa como escritor de filosofía? De alguna manera sí, pero no olvidemos que todavía le queda un eterno retorno: el de la selección ética. “Hemos observado que el eterno retorno, como doctrina física, era la nueva formulación de la síntesis especulativa. Como pensamiento ético, el eterno retorno es la nueva formulación de la síntesis práctica: Lo que quieres, quiérelo de tal manera que quieras también el eterno retorno.[17]

Finalmente habremos llegado al punto, de alguna manera “consolador”. Zaratustra ha decidido partir con sus animales, los últimos hombres y los hombres superiores se enorgullecen de haber encontrado otro Dios al no aceptar que el que tenían murió (los valores viejos no servían pero logran inventar en el Asno una nueva figura para volver a revivir dichos valores). Nietzsche, presa de sus dolencias, su afirmación última y el todavía enigma sin resolver decide perder toda relación consciente con esta realidad y acaba entre la locura y el sin-sentido. ¿Habrá de fracasar el plan de la transmutación de los valores? No, la obra, independientemente del destino de su autor, logró atravesar la pulsión de locura y muerte que la rodeaba. El eterno retorno como selección ética, permite que una doctrina de semejante complejidad pueda, al menos, tener una aplicación directa a eso que tanto le preocupaba a su gestor: la vida misma es retorno, y en ella habremos de afirmar o negar lo que nos es dado. De ahí que podamos hablar de “una inocencia del devenir”. Fármaco, entendido el filólogo como el médico, la cultura como cuadro clínico y la civilización como el paciente. El fármaco en todo caso es esta misma afirmación inocente: a Nietzsche le preocupó el problema de la moral porque estaba íntimamente ligado a nuestro modo de relacionarnos, de ahí el carácter ético de la afirmación. Si habremos de fracasar sería en la metafísica, lo que atiende a este mundo puede ser cambiado. Sólo cambiando nuestra forma de relacionarnos con los agentes del devenir podemos comenzar una transmutación: cultura, individuos y la tierra misma tienen una nueva relación. ¿Qué significa el carácter “inocente” del devenir? Deleuze, porque él fue el primero en interesarse en la ética de Nietzsche, aclara: “La existencia afirmada y apreciada, la fuerza no separada, la voluntad no desdoblada, he aquí la primera aproximación de la inocencia”.[18]

Habíamos dicho que desde el inicio del pensamiento del eterno retorno al propio Nietzsche se le aparece en Sils-Maria. El esbozo, la hoja donde se anotó el primer pensamiento, contenía cinco apartados. “Asimilación de los errores, de las pasiones y de la sabiduría (aún del saber que renuncia) eran los primeros elementos del eterno retorno en su etapa primigenia. Pues nada más y menos que en eso consiste su carácter ético: la inocencia del devenir requiere una actitud afirmativa ante el propio retornar del tiempo, el tiempo ya no es una construcción inmóvil, objetiva, externa y exterior al sujeto, afirmar es asimilar desde adentro el tiempo, con sus errores, sus fatalidades, sus fortunas y pasiones. El “peso más pesado” incluso la serpiente queriéndonos ahorcar, y que tiene que perecer degollada, significa el temor a la mencionada asimilación, de ahí que también el eterno retorno como selección ética tenga dificultades para ser comprendido, interpretado y finalmente aplicado. Y es quizás la invitación más crucial del pensamiento de Friedrich Nietzsche, al final se trata de una formulación que sugiere, aunque de maneras un tanto confusas para quién se acerca por primera vez a su lectura, y para quién le dedica  tiempo también. En todo caso ¿para qué leemos a ciertos autores más que otros? ¿Por qué hay todavía lectores de Nietzsche? Hemos querido en este ejercicio de pensamiento ofrecer claves para construir todavía una perspectiva sobre el eterno retorno, es espiral porque implica pensar la temporalidad como línea y círculo, pensar el tiempo como el tiempo que vivimos y en donde habitamos, pero también implica pensar, asimilar e interiorizar nuestros enigmas. Frente a un tiempo moderno “cómodo” que supuestamente puede ser comprendido, medido y vuelto a medido, observamos cómo cada vez se pierde más, no tenemos tiempo o vivimos en la aceleración, ¿acaso no es un síntoma de una patología social compartida? Y si el fármaco puede ser pensar el tiempo como eterno retorno, aunque se corra el riesgo pulsional de la locura y la incomprensión, retorno de nuestros errores, de las pasiones que extrañamente siempre repetimos, o de eso que hacemos aunque ya no pretendiéramos volver a cometer. Quitar la culpa al tiempo, a la fatalidad, a la cultura y sus agente es dotar de inocencia al devenir; que el eterno retorno sirva al menos como medicina para intentar, y no fracasar si haberlo intentado, pensar el tiempo y nuestro acontecer en él, como una suerte de juego inocente donde el resultado es tan incierto como el modo en que habremos de jugar. “Por eso el eterno retorno debe pensarse como una síntesis: síntesis del tiempo y sus dimensiones, síntesis de lo diverso y de su reproducción, síntesis del devenir y del ser que se afirma en el devenir, síntesis de la doble afirmación.” [19]

Bibliografía consultada:

 

Deleuze, Gilles, Nietzsche y la filosofía, Anagrama, Barcelona, 1998. (Original de 1962)

Deleuze, Gilles, Nietzsche, Arena libros, Madrid, 2000. (Original de 1965)

Nietzsche, Friedrich, Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid, 2011. Traducción y notas Andrés Sánchez Pascual. (1887 versión definitiva)

Nietzsche, Friedrich, Ecce Homo, Alianza, Madrid, 2010. Traducción y notas Andrés Sánchez Pascual. (Escrito en 1888, publicado en 1908.)

Nietzsche, Friedrich, La Gaya Ciencia, Akal, Madrid, 2009. Traducción y notas Charo Greco y  Ger Groot. (1887 segunda edición.)


[1] Nietzsche, Friedrich, Ecce Homo, Alianza, Madrid, Trad. Andrés Sánchez Pascual, 2010,  “Así Habló Zaratustra 1. pp.  103.

[2] Ibíd. pp. 93.

[3] Llamamos “filosofía de madurez” al periodo final del desarrollo discursivo de Nietzsche que va de 1882 año en que se publica la primera edición de Gaya Ciencia, hasta 1888 año en que se publican El Crepúsculo de los ídolos, El caso Wagner, y se escriben los libros El Anticristo, Ecce Homo y los Ditirambos de Dionisio.

[4] La palabra “Perspectivismo” en Nietzsche anuncia una forma de abordar los conceptos distinta a lo que la modernidad acostumbraba. Ser perspectivista está íntimamente ligado a la labor que más tarde hará la hermenéutica filosófica: acercarse a un concepto, un valor, un término desde todas sus significaciones, sus caras y sus lados. Entre más perspectivas se tengan de él, mejor podrá interpretársele y comprendérsele.

[5] Cfr. Nietzsche, Así Habló Zaratustra, “De las tres transformaciones”, Alianza, trad. Andrés Sánchez Pascual, Madrid, 2011, pp. 65-68.

[6] Ecce Homo, pp. 103.

[7] Ibíd. nota 128 pp. 159-160 traducida por Andrés Sánchez Pascual.

[8] Nietzsche, Friedrich, La Gaya Ciencia, Akal, trad. Charo Greco y Ger Groot, Madrid, 2010. pp. 250.

[9] Los libros sobre de Deleuze sobre Nietzsche que habremos de citar son dos. Nietzsche, Arena libros, Madrid, 2000. Obra breve pero precisa, sirviendo de guía con los textos donde Nietzsche trata el tema del Retorno. Y Nietzsche y la Filosofía, Anagrama, Barcelona, 1998. Libro que permitió la interpretación  nietzscheana clásica desde la perspectiva vitalista de la escuela francesa (Bergson, Deleuze, Focault y Derrida).

[10] Nietzsche, Así habló Zaratustra, “La más silenciosa de todas las horas”, pp. 247-251.

[11] Ibíd., “De la visión y el enigma”. pp. 260-667.

[12] Ibíd. pp. 266.

[13] Deleuze, Nietzsche, pp. 53.

[14] Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pp. 21.

[15] Ibíd. pp. 28.

[16] Esta idea recorre todo el cuarto y último libro de Así habló Zaratustra. pp. 379-505.

[17] Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pp. 39.

[18] Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pp.  14.

[19] Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pp.  27.

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