Ladrillos Existenciales.

Colaboración especial de @Alegrif0

A menudo sucede que no queremos ponerlos en situaciones incómodas ni lastimar sus sentimientos, por eso nos sentimos confundidos cuando intentamos tomar una postura frente a un ladrillo existencialista.

¿Para qué sostengo esta casa? Esta clase de ladrillos suelen vivir en un una duda continua, constantemente son asaltados por la sospecha de pérdida de tiempo, culpa y hasta depresión por sentirse igual que Sísifo, a veces pretenden apaciguar el sentimiento absurdo dándole a sus vidas un sentido ingenuamente inventado que realmente no poseen.

Ellos no cargan con toda la culpa. Nuestra actitud hacia ellos promueve  el autoengaño, es preciso tomar las medidas necesarias para que el ladrillo existencialista comience a afrontar la realidad por iniciativa propia. Disfrazamos y decoramos su entorno. Lo enjarramos, lo pintamos, le colgamos pinturas, lo hacemos soportar tambos de agua y hasta escondemos cadáveres en él, como si esa fuese su función, le hacemos creer que viene a este mundo a cumplir con un propósito y así obtener satisfacción.

La filosofía ladrillista no ha conseguido la solución final para este dilema incomprensible, hay muchos casos de ladrillos que se desmoronan o se cuartean en la vana búsqueda  por dotar de sentido su patética existencia. La Doctora Bloque Deadobe del departamento de ladrillología de la Universidad de Brickenstein, recomienda que lo ideal es permitir al ladrillo existencialista vivir su error, dado que no representa ningún riesgo ni para él ni para el resto de la construcción. Por otra parte, varios de sus colegas de departamento aseveran que la Doctora Bloque Deadobe, aún sin tener muchas tetas, tiene unas nalgas de noo maamees.

Como resultado de extensos estudios, algunos expertos radicales de la piscotabicología proponen tratar a los ladrillos con una serie de exposiciones de dosis de realidad bruta. Proyectar sobre él escenas de filmaciones de los ladrillos que más han marcado la historia, como El Ladrillo de Berlín, El Ladrillo de los lamentos en Jerusalén, El Gran Ladrillo Chino o cualquier película donde se muestre el tabique nasal de Jean Reno.

Si de todos modos el ladrillo persiste en su profundo vacío existencial, conviene que sea internado en alguna institución de paredes acolchadas.

Proximamente: El Palacio de Gobierno esquizofrénico, cinco pasos para mantener su relación paralela al suelo.

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