¿Por qué la filosofía y no más bien… la contabilidad por ejemplo.

Para uno de mis tantos alter egos. 

 El siguiente texto (¿acaso no lo son todos?) es un monólogo personal que acabó explicitándose durante una charla. Lo reproduzco, mejor dicho: lo reconstruyo a partir de algunos apuntes propios y diálogos eternos, como eterna será la pregunta que aquí se está discutiendo.

Hace algunos días, tres para ser preciso, se encontraba este humilde escritor/editor/proxeneta en un café céntrico. Basta decir que estaba ahí por una cuestión sadomasoquista: dando una clase de filosofía, gratis. El sadomasoquismo no solo consiste en obtener e infligir placer y satisfacción (sexual, estética o sensitiva de cual quier tipo) de una experiencia del dolor. También proviene de la comunidad que lo ejerce, promueve y defiende. Los filósofos no se hayan exentos de esto, incluso suelen amar (sí, el en sentido idealista de apego) a la sabiduría a pesar del dolor. Quiénes vieron Matrix, la versión del platonismo de los hermanos Wachowski, sabrán que el “despertar” de Neo -el elegido dentro de ese universo- no es del todo placentero. Tras una serie de sucesos, [Neo se convierte en metal, renace calvo y sin vello, vomita, no entiende la realidad verdadera, no soporta el peso de lo real y luego se convierte en un virus, transfiere sus poderes ficticios dentro de la red en poderes reales allá afuera, pierde la vista y al final de la trilogía muere en la ciudad de la máquinas] Neo duda de los beneficios de haber despertado. Exactamente así describió una alumna mía -digo “alumna” sin ningún afán de superioridad pedagógica y por mera convención de lenguaje- el proceso por el cual está pasando ahora que debe estudiar la historia de la filosofía con el pretextos de entender a la psicología.

Esta entrada es la corrección de la pregunta ¿Por qué estudiar, dedicarse y finalmente, seguir en la filosofía?

Vayamos al primer enfoque, a la respuesta que solemos dar aquellos que estudiamos, leemos y por accidente o por culpa de la pastilla azul, estamos en el mundo de la filosofía.

Efectivamente, como piensan algunos allá conectados en la Matrix, la filosofía no sirve. No sirve porque en sentido estricto la palabra ‘servir’ procede del campo de las cosas que no son útiles. El manejar un motor mecánico sirve para algo, el operar una pesada máquina aplanadora sirve para algo, el sembrar maíz sirve para comer, inyectar al paciente sirve para apaciguar su dolor, el contar los sueldos de una empresa sirve para ganar más que los listados de la nómina. Leer a Heráclito no sirve para quitar el óxido, pensar el tiempo y el espacio no sirve para moverse de lugar o evitar que la gente muera, escribir una tesis sobre Nietzsche no sirve en absolutamente nada. Si acaso se obtiene un título profesional que respaldará futuras investigaciones que no servirán tampoco de nada. Imaginarán ustedes la decepción de mi estudiante y el largo trago a su taza de café.

Leer, escribir, exponer un pensamiento, ejecutar una crítica, realizar un análisis, corregir un texto, quemarse las pestañas investigando un problema y lanzar una pregunta no sirven en absolutamente nada. Si es que seguimos en el campo de lo utilitario o de la técnica para entrar de lleno a la problemática. Tenemos por primera vez en lo que nos espera, a mi como expositor y a usted lector-receptor, la relación entre técnica y teoría, entre lo útil y lo inútil, entre el pensamiento y la acción, entre la realidad y la representación.

Pido clemencia por si algún ex colega, afín a la filosofía o critícista está leyendo, he abusado de la generalización. Retrocedamos en el tiempo: mi primer contacto con la filosofía fue a nivel bachillerato. Era yo un estudiante que planeaba matricularse en la carrera de derecho, sin embargo una prematura lectura general de la teoría del superhombre -con sus abusos y desmesuras- en Nietzsche me hizo interesarme por esta materia. Fui, como muchos estudiantes de México, una víctima de malos profesores, de contenidos vacíos y programas académicos diseñados para crear pequeños autómatas de excelente eficiencia laboral. La diferencia es que pude elegir, después de dos años de materias obligatorias, un paquete de contenidos de carácter histórico-social. Mis compañeros de químico-biológico, económico-administrativo y ingeniería y arquitectura seguramente corren con más suerte laboral, mejor salario y gozan de haber estudiado y ejercer la utilidad técnica tan necesaria para la calma en las familias, resulta hasta irrisorio y catalogado como “mala inversión” mandar a tu hijo a estudiar filosofía.

Sin embargo hay padres que tienen la confianza en las mentiras que cuenta su hijo acerca de las posibilidades de la carrera y a ciegas pagan su matrícula, sus trámites y con algo de suerte harán la alcancía para el final, el temido egreso.

El gran problema de trasfondo es la sociedad tecnócrata del México moderno. A partir del proyecto positivista -hablamos de la época de Porfirio Díaz- luego de la Revolución como institución -la dictadura perfecta del PRI- hasta el aparente triunfo del progreso con el Tratado de Libre Comercio, después de este transcurrir de la política, la economía y la sociedad mexicana, hemos llegado a creer que el desarrollo industrial, la técnica y la utilidad lo son todo. Representan un gran rubro en TODO lo que puede llegar a ser un país, pero no olvidemos que no lo son todo. Es esta visión, tecnicista, compactada, competitiva, promovida hasta el cansancio, la que hace que algunas personas sigan diciendo “¿Para qué sirve la filosofía?”. En un mundo así la filosofía, los libros, el estudio de las letras, las teorías de la sociedad, la crítica y el arte no tienen cabida. No sirven, no dan dinero, no otorgan estatus social, no representan más que el sueño de gente que se niega a trabajar, a bañarse, a ser un mejor mexicano y contribuir al desarrollo nacional.

Si con esto no es suficiente tenemos a la educación, regida con un sistema de “ser aplicado es igual a ser el mejor, sacar diez es estar siempre adelante”, la religión, el seudo arte televisado, los constantes bombardeos del mercado, la publicidad y el conjunto de la sociedad que abarca desde la señora de la tienda hasta el repartidor de gas. Todos formamos parte de un conjunto monstruoso sin identidad propia, devorando las aspiraciones personales convirtiéndolas en ganancias, en consumo per cápita, en nóminas, en inversiones y valores bursátiles. Y la filosofía sigue siendo inútil.

Continuemos el viaje en el tiempo: No es que Nietzsche, o Hobbes o cualquier otro filósofo haya hecho que decidiera entrar a estudiar filosofía. Es sabido por muchos que para estar en el mundo de la filosofía no es necesario pasar por la escuela. Grandes filósofos ni si quiera pisaron una escuela, escribieron algo o dejaron alumnos. Sin embargo mi camino, por lo tanto mi ser-en-el-mundo (un inevitable vicio que se adquiere en la facultad de filosofía es el citar a otro filósofo sin estar citándolo) comenzó con las precarias clases de preparatoria, adquirió decisión al final del bachillerato y se encontró con otro mundo, literal y metafórico, al comenzar el recorrido que sigo desplazando.  Cuenta Luis Villoro, el filósofo vivo mexicano más importante del momento, que él comenzó en la filosofía al tener una experiencia con un indígena sometido. A partir de ahí el refugiado español ha dirigido su vocación a comprender e interpretar los procesos históricos que enfrentan los pobladores originarios de México, su opresión, la insurrección en el sur y la cultura que emana de sus formas de vivir. Cada autor, estudiante, profesor e invitado de la filosofía tiene su historia, el cómo encontraron a la filosofía aunque muchas veces queda demostrado que la filosofía es la que encuentra, la que aparece y genera sus propios modos de manifestarse.

La filosofía se manifiesta. En Animatrix (otra vez tengo que recurrir al arte, en este caso una cinta fílmica) se cuentan varias historias, algunas de personas conectadas y otras que ocurren afuera. En Historia de un chico -si mi memoria no me falla- tenemos el ejemplo de alguien que cuestiona su realidad, su veracidad y finalmente acaba muriendo en la red y renaciendo a través de la duda. Exagerando un poco, este es el ejemplo de la manifestación de la filosofía, aunque para algunos represente al igual que ciertos personajes en el universo de Matrix, una experiencia de horror. No pocos son los que hubieran preferido jamás usar el pensamiento, seguir el rumbo que comúnmente se sigue, estudiar “algo” que dé dinero y olvidarse del Ser, de la duda existencial o de las relaciones de poder y la estética trascendental. Yo mismo, admito que me ocurre al tratar de redactar una tesis, he querido borrar el disco duro filosófico. Son tantas las teorías y los problemas que van acumulándose en la historia de esta disciplina que acaban por pesar y abrumar al estudiante, sin embargo el querer olvidarse de ello es también una manera de ejercer la filosofía.

Otro problema de México es la misma Universidad. Actualmente ir a la Universidad es ir a un lugar mientras se entra al campo laboral. Las carreras universitarias, en su mayoría, están pensadas para crear especialistas, técnicos -en materia y en teoría- , burócratas y profesionales en los diversos campos laborales. Esta manera de entender la formación superior ha llevado a que a la filosofía también se le vea como una especie de especialización, estudiamos filosofía para ser especialistas en algún tema, un autor, algún libro y en casos exagerados, en el apartado tal del libro tal del autor que nadie conoce. Estos casos hacen de la filosofía una enemiga de la sociedad común, de las políticas públicas incluso de los programas y las escuelas a nivel superior y medio superior.

No nos engañemos, la filosofía, desde su origen, ha sido incomprendida, víctima del abuso, institucionalizada, oculta a las masas, popular para otras, ha otorgado estatus a ciertos sectores y a denostado a otros. Los primeros filósofos eran personajes misteriosos, vagabundos, errantes, brujos y marginados de la polis. Luego con la llegada de Sócrates-Platón comenzó la figura del filósofo de la ciudad. A partir de la Academia, escuela platónica, y del Liceo escuela aristotélica -consecuencia directa de una disputa institucional-  la filosofía hizo una larga escalada hasta ocupar privilegiados puestos. El cristianismo y la Edad Media la pusieron sierva de la fe, lo que la institucionalizó más. El renacimiento le otorgó un carácter académico y cultural y la ilustración la llevo hasta su punto más alto. El prestigio de Kant, el primer filósofo profesional de la historia, hizo de los amantes de la sabiduría figuras culturales y de la época -el siglo de las Luces- un punto paradigmático en la historia del pensamiento. Nunca más volverá a tocar tal punto pues el camino será en bajada de ahora en adelante.

Los abusos del idealismo, la crítica hacia éste, el “filósofo no se ha dedicado más que a pensar el mundo pero hay que transformarlo” de Feuerbach y la teoría marxista económico-filosófica hicieron de la filosofía una herramienta para actuar y pensar. A partir de aquí el actuar va ganando terreno frente al pensar y con el positivismo, las nuevas ciencias -la psicología, la biología, la sociología y la lingüística- la filosofía perderá el terreno. La revolución industrial, el avance tecnológico, la economía global y el desencanto del mundo, la Primera y Segunda Guerra Mundial, harán que la filosofía replanteé sus propios fundamentos. El mundo de ahora necesita a la filosofía, solo que ésta sigue resentida por el trato que se le ha dado.

¿Qué hacen los filósofos ahora? Muchas y múltiples son las respuestas. El ¿Por qué la filosofía y no más bien contabilidad? o lo que sea (agregue usted su profesión utilitaria y tecnicista favorita)  se vuelve patente. Si la filosofía ya no se ocupa de la mente pues la Psicología -con mayúsculas- ya lo hace. Si la sociedad ya tiene a la Sociología, el hombre a la Antropología, el arte a las Artes Visuales, el lenguaje a la Lingüística y la Literatura, la historia a la Historiografía  etc. ¿A qué se dedica la filosofía?

Lo más lógico es pensar que la filosofía se dedica a sí misma. Esto significa que es la única -subrayo lo siguiente- que todavía se dedica a pensarse ella misma. Ninguna otra profesión y disciplina se dedica tanto a preguntarse a sí misma, al grado de tener teorías tan complejas sobre sus propios fundamentos. La filosofía hace filosofía de la propia filosofía, a esto le llamamos meta-filosofía y para ello nos valemos de la historia de la filosofía, de los autores y sus textos, de los debates que hubo y hay, de los períodos de la historia del mundo y de las muchas disciplinas que se desprenden de la filosofía.

Esto sin embargo es un plano meramente académico. Fuera de la universidad y los rubros culturales y afines al mundo escolar,  no existen profesionales de la filosofía que ganen dinero o puedan cobrar un sueldo por investigar a Hegel o publicar un libro sobre Maimónides o Samuel Ramos. Sin embargo hay muchas otras formas en que alguien de la filosofía pueda ejercer su conocimiento en campos radicalmente opuestos, incluso impensables.

Supongamos que yo soy un editor de algún diario. Un día tengo el dilema ético por excelencia: publicar una nota con contenido subversivo o pasar de largo. Si aprendí algo haré lo segundo: no publico nada, nadie se da cuenta y todo sigue en calma. Pero si soy un masoquista, de los que da la filosofía, complicaré mi existir laboral publicando constantemente notas en contra del mismo sistema a que pertenezco. Una nimiedad comparado a lo que podría hacer marchando, detonando bombas y ejecutando políticos. “Cuando la casa se quema, lo único que puede hacer el intelectual es llamar a los bomberos”. Con esta frase irónica y autocrítica Umberto Eco significa la actitud de la filosofía y los intelectuales frente a problemas concretos. Aquella metáfora-chiste de Tales de Mileto cayendo al pozo por ir pensando en las estrellas refleja a la figura del filósofo: pensando el mundo lejano no mira el suelo y queda en un pozo. Y como estas anécdotas, chistes, comentarios sangrantes, existen innumerables ejemplos de la filosofía frente al mundo concreto.

Finalmente, porque podría pasar horas y renglones eternos escribiendo del tema, me parece pertinente mencionar una última metáfora. como se darán cuenta, sin las metáforas la filosofía está hundida- que refleja algunos modos en que se ha dado la filosofía.

Un hombre lanza un mensaje en una botella. El mensaje advierte de la existencia de un tifón que tocará tierra. Cuando la botella cruza el mar es encontrada por una solitaria persona. En una versión de la historia, la persona la ve, se detiene y prosigue su camino. El tifón llega, arrasa y se va. En otra versión la misma persona ve la botella, la abre, lee el mensaje pero no lo entiende. El mismo tifón llega y es hasta que esta persona, casi moribunda, se da cuenta del mensaje y logra comprender la tragedia. En una tercera versión, más optimista desde luego, esta persona ve, abre la botella, lee el mensaje, lo comprende y finalmente decide ir al pueblo para advertir del tifón. El pueblo se ríe de ella, algunos le creen, otros simplemente la juzgan de loca y finalmente el tifón mata a todos. A veces, en variantes de la historia, el tifón llega pero un reducido grupo de personajes logran escapar gracias al mensaje y advertir a otros pueblos. En otras variantes la botella nunca llega a la costa porque se pierde en el mar. Podemos pensar la infinidad de posibilidades entre la botella, el mensaje, la costa lejana, la gente, el curioso que la ve y no la abre, o la ve y la abre, o la ve, la abre, lee el mensaje, lo comprende y decide que aun así nadie merece salvarse del tifón. La metáfora se convierte en infinita, así sucede con la historia de la filosofía y sus autores. Algunos leyeron el mensaje de otros, la gente se ha reído de ellos, ha formado sectas, ha tratado de encontrar otras botellas incluso al autor del primer mensaje y la fábrica de botellas. Todo puede ser posible en la metáfora, se la debemos a Zygmunt Bauman, curiosamente sobreviviente de los campos de exterminio nazi que dice haber sobrevivido gracias a un mensaje metido en una botella.

Para finalizar, ¿Qué nos queda a los egresados, a los estudiantes, a los que siguen preguntando, a los renegados, enemigos, defensores, promotores y amantes masoquistas de los que aman a la sabiduría? Uno: pensar otros campos, hacer filosofía de la ciencia, de los procesos sociales, de la tecnología, llevar la filosofía hasta sus últimas consecuencias, aun corriendo el riesgo de sufrir las risas en la plaza del pueblo. Dos: llevar la filosofía al arte, pensar el cine, combinar la literatura y la estética, pensarnos como creadores, como bailarines, invertir e incluso romper la relación entre creadores y teóricos, convertirnos en agentes creadores. Y tres: pensarnos a nosotros mismo, el cuerpo, la sexualidad, nuestra alimentación, las relaciones con otros, la familia, el país y el trabajo, la filosofía si puede sobrevivir es gracias a su capacidad de adaptarse.

Por eso estudié y ejerzo a mi modo la filosofía ¿será acaso una especie de auto convencimiento basado en la fe y la razón o la racionalización de la fe? Prefiero pensar que sí.

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Un pensamiento en “¿Por qué la filosofía y no más bien… la contabilidad por ejemplo.

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