Tres versiones para Pedro.

-Papá ¿cómo conociste a mamá? Por años Pedro, alias el Piter, había pensado en la pregunta. Las primeras veces, con los otros hijos había inventado dos historias. En la primera él era un vecino de la cuadra. Un día reconoció a Lourdes en el baile de la colonia amenizado por Grupo K-mote de la Sierra, un conjunto de cuerdas, acordeón y metales que armaba el desmadre en grande. Había estado con sus amigos toda la tarde tomando cervezas y quemando [esos detalles no eran parte oficial de la historia contada a Miguelito su primogénito]. Para cuando le dio el mal viaje ya era tarde. Estaba con Lulú; la menor de tres hermanas ya casadas, bailando de cartoncito, agarrando bien esas nalgas y presumiéndoles a los amigos la nueva conquista. Esa misma noche tuvieron relaciones atrás de un juego mecánico, ella de perrito en el pasto, él atrás cuidando que nadie los atrapara en plena pasión. Luego a los nueve meses nació Miguel, el primero de tres hijos. Se casaron porque el papá de Lulú lo había amenazado y luego el mismo suegro le consiguió el empleo de albañil en la obra en la que estaba trabajando. La historia versión para los niños era que se habían conocido en un baile y se casaron cuando encargaron a Miguel a la cigüeña. Éste último, después de 16 años ya no creía en bailes y cigüeñas pero prefería ignorar la verdad. Para él su papá era un fracasado y estaba a punto de abandonar la casa para irse a trabajar al puerto, daba igual aquella historia.

Después estaba la segunda versión. En ella Pedro había conocido a Lourdes desde que ésta era una estudiante de preparatoria. Un día, después de salir del trabajo, el Piter alcanzó a Lulú, le sacó plática en el camión y quedaron de salir al cine un sábado. Luego del cine las salidas se hicieron habituales hasta que un día Pedro pidió la mano de Lulú a sus padres, éstos le otorgaron el permiso y se casaron en una ceremonia planeada con anticipación. La fiesta fue en un grande salón con jardines, columpios para los niños, baños limpios con olor a cloro, un cantante de bodas con teclado, armónica y percusiones y un enorme pastel. Los recuerdos decían Pedro & Lulú y eran en forma de servilletero y tortillero, unas flores habían adornado la mesa y a los niños invitados se les dio un pez beta de regalo. El suegro dio sus bendiciones a la pareja, Lulú aventó el ramo y su hermana mayor –la solterona- lo atrapó entre llantos y gritos. Aquella noche;  el Siete Mugres, gran amigo de Pedro, sacó a bailar a la dueña del ramo y un año después Pedro y Lulú eran los padrinos de anillos de la nueva pareja de casados. En aquella nueva boda Pedro anunció que la nueva criatura que esperaba Lourdes era niña y llevaría por nombre el de su madre. A los dos meses nació Gloria. A los ocho años escuchó la historia creyéndola toda. Gracias a ello soñaba todos los días con una boda como la de sus papás.

Finalmente la historia verdadera salió a luz después de que el pequeño Pedrito hiciera la pregunta. El Piter decidió que ya era hora de contar una versión más fiel, aunque tendría sus omisiones, pero Pedrito de 6 años merecía saber la verdad.

“Mira hijo, a tu mamá la conocí gracias a una cosa llamada red social. Un día mis amigos dejaron de ir a la esquina. Pregunté por ellos y me dieron cuenta de que estaban en algo llamado el ciber. Era un local, de seguro tú en unos años te la vas a querer pasar ahí, lleno de computadoras conectadas a Internet. Mis amigos habían agarrado el vicio de estar viendo fotos de mujeres todo el día. Mujeres con  mini faldas, escotes, lentes de sol, haciendo muecas, la señal de amor y paz y frente al espejo.

Entonces me enseñaron a usar los chats y las redes sociales. Me hice una cuenta, me tomé una foto frente al viejo carro de tu abuelo y la puse como identificación en la red. Un día mientras navegaba en la red –así le dicen- encontré fotos de una tal Lulux Princess, una morrita de unos dieciséis años que parecía tener más. Unas piernas bien formadas, tetas de mujer y unas nalgas bien paradas. Estuve viendo todas sus fotos como una semana entera y al final le mandé una solicitud de amistad. Me aceptó y comencé a chatear con ella. Yo, no soy nadie para mentirte, estoy feo y lo que quieras pero sé hablarles a las muchachas.

Esa ocasión tuve que emplear mis mejores tácticas para que no se fuera a desconectar. Nos llegó la noche y la señora ya quería cerrar el ciber. Entonces me sentí mal. Deje de gastarme mi quincena en caguamas e invitarle a mis amigos y puse Internet en la casa y compré una computadora. Al mes Lulux ya era mi ciber novia, o sea que no nos veíamos pero nos decíamos cosas como novios y hasta me ponía celoso. Una noche agarramos la plática hasta que se calentó la cosa. Le dije que ya la quería conocer para cogérmela toda. Ella contesto que ya quería tener mi verga entre sus nalgas, agarrarla, metérsela en la vagina hasta venirse y luego chuparla hasta que le aventara lechita caliente en la cara. Entonces me confesó que era virgen, que no sabía nada de sexo y que quería aprender conmigo. Una noche prendimos la cámara web –una cosa para verse a distancia, como en las películas del futuro- y nos conocimos. No era tan bonita como en sus fotos pero para mí daba igual.

Platicamos tranquilos como una hora hasta que le pedí que me enseñara las tetas. Se sacó una y me pidió que le enseñara algo. Me saqué todo el pito bien parado y ella me siguió el juego quitándose la blusa y el pantalón. Al poco rato ya no tenía calzones, se estaba metiendo los dedos en la vagina, en el culo y se los chupaba. Yo me la jalaba y luego la veía apretarse las tetas, sacar la lengua, lamer sus dedos y meterlos en la vagina. Quedamos de vernos una tarde. Cuando la vi en persona era más chaparrita de lo que parecía en sus fotos, tenía un diente medio chueco y el de arriba quebrado pero me aseguró que ya estaba yendo al ortodontista. Yo no le pregunté nada pero ella parecía muy preocupada por explicar cada detalle de su cara o su cuerpo. Esa tarde cogimos en un cuarto de hotel del centro, pasamos la noche ahí y me la llevé a la casa a las dos semanas. Entonces nueve meses después nació tu hermano Miguel. A los pocos años nació Gloria y luego tú. Perdóname hijo por no haberle contado la verdad a nadie. Eres lo único que me queda después de que Miguel se fuera, de que tu madre se fuera con Gloria.

El Piter se limpió las lágrimas. Cerró la puerta y le dio una propina al conserje de la parroquia. Salió del recinto y se paró en la esquina para esperar su camión. Unas flores frescas quedaron como único adorno en el lugar donde la urna que guarda a Pedro hijo descansa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s