¿Qué happening en el kiosko?

Domingo, día que supuestamente el creador designó para el descanso. Domingo, día que en la modernidad, regida por el calendario gregoriano, dedicamos al descanso del trabajo, de la escuela, a la sanación del cuerpo después de un sábado de caguamas o -si usted se las da de más finura- al desgaste del centro nocturno [incluye antros, casinos, tugurios y salones de baile]. Domingo, día de ir a la plaza, de comer algo por en cargo, en algún restaurante o visitar -casi siempre de gorra como decimos comúnmente-  a un pariente. El domingo es pues un día para no esperar nada.

Una diferencia sustancial entre las grandes ciudades (pienso por ejemplo en el Distrito Federal porque admito es la única que conozco) y los pequeños lugares, desde ranchos, pueblos o ciudades en crecimiento son las plazas. Mientras que un lugar como el D.F. tiene un número elevado de lugares para que la gente se reúna, dé la vuelta y saque a pasear sus experiencias, en el segundo grupo los lugares así son reducidos. Esto implica dos características perceptibles en la gente: a mayor número de plazas crece la distancia entre sus visitantes, a menos número la intimidad y el reconocimiento se incrementa. Alguna vez estuve en pueblos más pequeños que Uruapan y en ellos la llamada “intimidad de la plaza” se desborda al grado de que los habitantes del lugar saben, ya sea por el modo de caminar, lo que consumes o la forma de mirar a los demás, que TÚ NO ERES DE AHÍ. Se crea un sentimiento de pertenencia, una conexión obvia para los residentes y una sensación de intromisión, curiosidad y observación por parte del visitante. Pero ¿qué pasa cuando en tu plaza, la más concurrida, la principal, la que está en el centro, es invadida de otra manera? De una manera que no conocías, con un cinismo radical y una intromisión poco vista. Sucede el fenómeno del happening.

La palabra happening proviene de un uso común a la traducción -intervención, suceso, acontecimiento, ocurrencia- al español de la palabra inglesa happening. Lo que observamos en la plaza Morelos, ayer domingo 4 de agosto, allá por las 6 de la tarde, justo donde está el kiosko instaurado para los domingos culturales, fue precisamente un acontecimiento, una intervención artística la cual por azares del ocio presencié junto a otros uruapenses.

La siguiente cadena de hechos es una reconstrucción de la memoria, si alguien tiene otros datos favor de incluirlos: Caminas hacia el centro. Llegas y como todos los domingos, la plaza se encuentra llena del mismo tipo de personas; novios primerizos comprándole rosas a la conquista, ancianos jugando al crítico de moda, familias expiando sus pecados de incomunicación durante la semana, grupos de amigos sacando el repertorio de piropos y luego los sujetos como yo: callados, cautelosos, observando y vagabundeando sin rumbo preciso. Excepto claro, cuando has quedado de ver a alguien, entonces el vagabundeo es mientras llega. Tal vagabundeo me llevó hasta el mencionado kiosko.

Mi primera impresión fue para mis adentros ¿qué chingados pasa aquí? Miras a una chica inusual entre la multitud, vestido rojo, botas, cabello recogido. La ves saltando, haciendo señas como si saludara o llamara a alguien. Luego cruza la calle, se dirige lentamente al kiosko y un cúmulo de personas la observan. Todos atentos a su movimiento. Luego mi acompañante llegó y rápidamente coincidimos: esto es el evento al que veníamos.

Extensión del XVI Festival Internacional de Danza Contemporánea, con la participación de la Compañía Zona Abierta  de San Luis Potosí. La cita: domingo 4 de agosto, 18:00 horas, centro histórico. ¿Y yo por qué no sabía eso? Mi acercamiento a los performance siempre había sido en bares, foros culturales, instituciones académicas y eventos multidisciplinario pero ¿en una plaza, una plaza abierta, un kiosko, en Uruapan? La cosa resultó graciosa, interesante y al final me motivo a reconstruir el suceso en esta crónica.

Si los performance, que prefiero llamar happening, son de las cosas que menos comprendo en el terreno del arte. Imagine usted lector un montón de gente, viendo a una chica saludar a quién-sabe-qué, a otro joven saludando, haciendo gestos. De pronto ella se le acerca, hacen una serie de movimiento aparentemente improvisados y luego sus cuerpos en ligereza absoluta juegan, se comunican sin decir palabra alguna, se mueven y las preguntas al rededor comienzan a surgir ¿para qué es esto? ¿qué están haciendo? ¿qué significa eso? Lo natural en este caso es guardar silencio, observar las risas, las miradas de desconcierto, el asombro o el repudio, los celulares tomando registro, el indigente que ni supo y ni se enteró de nada, las muchachas que pasaron cargando sus atoles a medio camino entre los actores, la señora que no quería participar y al final sí, el señor que pidió un aplauso, la niña que se encaprichó, los que huyeron, los que se quedaron. Todos, incluso el que pide dinero, formaron parte de todo el acontecimiento. Luego vino la música y con ella el alivió, la coreografía que indicaba que efectivamente era una presentación artística de danza, el agradecimiento de las autoridades y después el desconcierto. ¿Qué pasó en el kioso? ¿What’s happening on the plaza? Dos sujetos, un público, las preguntas flotando en el aire, la incomprensión y finalmente la interrupción en al intimidad de una ciudad que se desarrolla urbanamente pero en el terreno cultural sigue gateando, entre un kiosko que a veces funciona como centro de música y voz del pueblo, que otras ocasiones alberga mítines políticos y colores partidarios. Nos vinieron a interrumpir, a sembrar la duda y luego nos dejaron. Ahora hay que pensar si seguiremos en la rutina o tendremos más sucesos inesperados.

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Eso, creo yo, es lo que pasó.

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2 pensamientos en “¿Qué happening en el kiosko?

  1. Màs sucesos por favooooooorrrr! Ya es tiempo d caminar, despuès correr y finalmente volaaaaaaaaaaaaaaaaaar! Q genial q stuviste ahì! What`s happenning now? Hace falta q los artistas retomen sus lugares, q las plazas se llenen d vida, d gritos eufòricos, movimientos spontàneos, lùdicos, poesìa, arte mucho arte para cambiarlo todooooo! Gracias por compartir tu propia crònica!

  2. Óscar, buen día.

    He leído con atención tu crónica del llamado “happening”; debe haber sido como lo describes. Y también como los demás lo percibieron. Así son el Universo y la Vida: únicos, pero múltiples en función del número de espectadores que les contemplen…

    Un detalle mínimo: el calendario gregoriano no fue concebido para normar el día de descanso semanal, sino para aliviar el déficit de 10 jornadas que acarreaba la cuenta del tiempo a partir del Concilio de Nicea, celebrado en el año 325. La idea de “tener derecho” a un día de descanso -básicamente para cumplir con los deberes religiosos, así es que es posible que tampoco fuese una jornada demasiado grata- cada determinado lapso fue acuñada en España a finales del siglo XIX, y a México llegó muchos años después.

    Saludos..

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