Sueño y Epifanía en “Vals con Bashir”.

“Quizá olvidemos el pasado, pero el pasado no nos olvida a nosotros”

-Ari Folman director de “Vals con Bashir”.

Veintiséis perros, uno corriendo y detrás de él otros, todos rabiosos, con furia y paso firme. Tumban sillas, mesas, aterrorizan a los transeúntes. Llegan a un ventana, todos, los veintiséis ladran, gruñen, miran hacia arriba. Allá arriba un hombre, tímidamente los mira, les teme, saben que están ahí por él, no sabe cuándo se irán, o si bajar y enfrentarlos. Y en ése preciso momento despierta. Todo es una pesadilla. Así comienza la aventura-recuerdo, el recuerdo-hecho-imagen real, la onírica odisea de una imagen enterrada en otras. Es el comienzo del texto fílmico llamadoVals con Bashir. En el presente ejercicio de reflexión plateo algunas consideraciones sobre la problemática de la memoria y la imagen dentro del mencionado filme. A la luz de los conceptos desarrollados por Henri Bergson en Materia y Memoria (1896) [1] la imagen-recuerdo y nuestra memoria selectiva. Debido a las dificultades de interpretación, admito que podré caer en repeticiones constantes, tratar una película a la luz de la filosofía siempre corre ése riesgo. Una interpretación será esto, nada más que una re-lectura de otro texto. Pasemos pues al escrito en curso.

“Boaz” es el nombre ficticio de un amigo del director, la anécdota del sueño es real, un amigo de Ari Folman desencadenó lo que el mismo director llama “la imagen central” de la cinta. (Ver imagen). El recuerdo principal, muestra al director de la cinta, joven, allá en sus años de voluntario de la guerra, se levanta de la playa, observa las bengalas que caen sobre la ciudad sitiada –Beirut– y se dirige hacia allá. Esta es la imagen-recuerdo que será el enigma dentro de la trama. ¿Por qué otro recuerdo vino a traer a éste? ¿Quiénes son los demás que se bañan en la playa, y las bengalas qué significan? Vals con Bashir va ser la búsqueda de lo que «realmente pasó» Boaz recuerda a los perros, los perros que asesinó, a lo largo del filme los entrevistados recordarán sus anécdotas, sus traumas y singularidades mientras eran soldados. Es cuando la película nos recuerda el objetivo, o uno de los muchos: un documental sobre un recuerdo.
          Bajo la perspectiva filosófica de Bergson el personaje “Boaz” tiene un recuerdo, su cuerpo es otra imagen dentro de otra, en el sueño él se ve así mismo, temeroso, refugiado de sus víctimas –los perros– y dentro de ésa imagen, de ése sueño alucinado Boaz despierta. Es cuando recurre a su amigo, las películas pueden ser terapéuticas, y es el nacimiento de Vals con Bashir. El cuerpo de Bergson será la búsqueda de Ari por encontrar el verdadero recuerdo. ¿Por qué a través de las entrevistas nadie recuerda la imagen-central? O acaso paso otra cosa, ¿otro recuerdo oculto en su visión de la playa?
Un recuerdo, ¿qué es un recuerdo? Algo que desaparece y se difumina con el tiempo, o al menos eso nos hace creer. Fuera de todo análisis psicológico, los recuerdos nos vienen como halo de luz, con una luminosidad que ciega y nos deja perplejos al vernos sorprendidos por la repentina aparición. Un recuerdo puede vivir en nuestra memoria por años, nunca aparecer y de la noche a la mañana volverse vivo, persistente y hacer de él una idea maniática y obsesiva, al grado de volvernos hacía nosotros y preguntar: ¿por qué recuerdo lo que ya no recordaba?
           
El encuentro con Boaz tuvo lugar en 2006. Y por primera tuve recuerdos de la Guerra de El Líbano. No sólo Líbano, Oeste de Beirut. No sólo Beirut, sino la masacre en los campos de refugiados de Sabra y Shatila
La memoria sabe hasta dónde puede llegar sin causarte daño”. Así le dice un amigo psicoanalista a Ari[2] Los recuerdos imaginados de los compañeros de Ari, las escenas reales como de pesadilla, el bloqueo de la tragedia durante veinte años, las vidas actuales de quienes sobrevivieron; al final lo que nos queda es el mensaje de lo inmanejable que es la guerra, al punto que incluso quienes la experimentaron en carne propia tienen que desarrollar estrategias y pactar con su memoria para poder seguir viviendo consigo mismos:
“Es mi historia personal. La película empieza el día que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria. Los cuatro años que trabajé en VALS CON BASHIR me provocaron un violento trastorno psicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado y, sin embargo, durante esos cuatro años, nacieron mis tres hijos. Puede que lo haya hecho para mis hijos. Para que, cuando crezcan y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra…Si fuera un loco de la psicoterapia, diría que realizar la película me ha transformado profundamente” (fragmento de una entrevista a Ari Folman, el director).
Reconocerse será tarea difícil para los personajes –reales y re-inventados–  hay una especie de escenas sobre otras, cada recuerdo que se cuenta en la cinta es realmente una memoria, la de aquellos soldados que a través de su percepción reconstruyen la historia. Recordemos que estamos hablando de un documental, y el objetivo del documental es mostrar ciertos hechos, contarnos a través de la selección de imágenes, de aquí y de allá, una historia que sucedió, que podrá suceder o que está pasando. Aquí se nos contará sobre la masacre en los campos de refugiados en el centro de Beirut (Israel) perpetuada por miembros falangistas partidarios del fallecido jefe de estado Bashir Gayamel. Ari, el director estuvo ahí. Ya se ha dicho que a través de los recuerdos de otros busca el suyo, por qué tal parece que su imagen-central es invento de su memoria.
Hay cintas entrañables que tratan los temas de la amnesia como cuando retratan situaciones amorosas, familiares y cotidianas. Perder la memoria es un tema recurrente en la cinematografía, pero perderla en un documental animado  suena un poco extraño. Aquí entra una parte que no se ha mencionado. Vals con Bashir es una película documental animado. ¿Por qué animado y no real?
“Vals con Bashir” podría haber sido un documental construido a partir de entrevistas y recreaciones. Pero no aportaría realmente nada, o no diría nada que no se haya dicho ya sobre esa guerra. También podría haber sido, en teoría, una película de imagen real  […] El hecho de haber utilizado la animación como recurso narrativo no sólo es una forma de hacer de la necesidad virtud (o sea, de poder hacer la película con un presupuesto viable) sino que explota la animación como una herramienta capaz de mostrar procesos que son invisibles a los ojos.[3]
En medio de la reflexión vale la pena detenerse en la cuestión de animación. Como dicen las líneas anteriores, la animación es un recurso de alejamiento. Hemos visto muchos documentales, también muchas historias sobre las guerras. La animación permite alejarse afectivamente de las imágenes que se trasponen en la película, por eso Vals con Bashirrepresenta un extraño proyecto: memoria e imágenes perdidas, ocultas y buscadas a través de otras imágenes. Y la animación permite esto; escribir y presentar la mezcla del recuerdo con lo real, tal y como nos decía Bergson.”La memoria bajo esas dos formas, en tanto recubre con un manto de recuerdos un fondo de percepción inmediata y en tanto contrae a su vez una multiplicidad de momentos” Aquí se nos presentan la teoría de las dos memorias: la memoria del recuerdo puro (el recuerdo buscado),  y el recuerdo de la memoria (en éste caso el flash-back de la imagen-central). La alucinación de la playa, que tan recurrida es en la cinta, representa el recuerdo de la memoria, para Ari, -el personaje central y director de la misma película- tal hecho parece haber ocurrido “estás loco, qué playa, de qué playa hablas, estás obsesionado, quién estuvo ésa noche”… Dice “Carmi” otro personaje anónimo de la historia, “llegué a un punto muerto, sólo tengo una visión, .es una visión igual y es real, es tuya, la masacre te asusta, te pone incomodo”  al final Ari Folman encontrará la verdad, el verdadero recuerdo que se oculta tras la imagen-central.
Aquí la historia de Vals con Bashir parece mutar a un documental, siguiendo la misma fórmula –animación-  pero ahora narrada de forma diferente. Aquí se muestra el juego del cine, las técnicas de narración, flash-backs¸ que sería lo más acercado al recuerdo imaginado, vuelto en el presente como dijera Bergson. Después se intercala la narración armada, aquellos momentos que no son posibles documentar pero si imaginar. Y finalmente la entrevista cruda, el final de la cinta se acerca.
Quizás sea de lo más crudo contar finales, pero en éste caso es necesario. La masacre, el recuerdo que se busca es inminente. La realidad, de la que Ari y nosotros, espectadores estábamos escapando ahora se vuelve inminente. Se ha dejado de narrar como se narraba, ahora la cinta es un documental crudo y es imposible ignorarla, ya se ha transmitido esa sensación de incógnita, de curiosidad, aquello en el cine que no hace ver una cinta hasta el final. Al final Vals con Bashir nos ofrece una cruel y áspera realidad, las imágenes se hacen reales, literalmente reales. Los gritos calan, la sangre ya no es animada y la sensación de que aquello que era animación de verdad ocurrió; la percepción regresa como cuando regresamos del sueño. Hubiéramos preferido seguir soñando, como “Boaz” allá en la cobardía de los sueños, refugiados en nuestras imágenes ficticias. El recuerdo se vuelva y se vuelve vivo.
Las consideraciones finales podrán ser algo generales pero puntuales. Hubo un genocidio, la película es un viaje personal, una re-transmisión de un recuerdo que se oculta dentro de otro. Y nos da una sensación de que quizás en nuestra memoria, muy adentro tengamos imágenes que nunca vivimos y sin embargo son tan vivas como la imagen-central. Tapamos nuestros recuerdos. La tesis de Bergson puede verse ilustrada con éste filme; hay una especie de recuerdos que regresan al tiempo; por eso se re-crean, se imaginan y se vuelve acto. Una película con total libertad de jugar entre la animación, el documental, la crítica, la fantasía, el humor negro, la reflexión sobre la guerra y la mutación de no sentir nada a sentir la incomodidad de la muerte. Este es el viaje de Vals con Bashir, es la reflexión sobre una imagen, queda más por decir. Se verá otra vez el filme,  muchas otras veces más, y seguramente la imagen no será la misma. Tal y como lo vivió el director; se nos invita a buscar en nuestros recuerdos, en la memoria y la imagen, ¿cuál será real y cual falsa? ¿Cuál es más viva y de cuál no quisiéramos ver realidad? Al final puede ser o no ser Un descenso al infierno en dibujos.[4] Y nuestra memoria puede estar llena de infiernos.
[1] La edición citada en el texto corresponderá a la publicada por Editorial Cactus, 2006.
[3] http://proyectoperfiles.blogspot.com/2009/03/sefarad-vals-con-bashir.html  20/06/2011.
[4] http://www.golem.es/valsconbashir/prensa.php 20/06/2011

jpg_vals-con-bashir-animacion

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