Triada.

A la dama de rojo, que gustaba de mis relatos.

 

 

Mika había conocido el amor en sus distintas formas: tierno y nada perverso primer amor de la adolescencia, el incondicional y enfermizo amor duradero de la madurez temprana y el violento y erótico sentimiento de la vida agasajada que propiciaba la soltería. A lo largo de sus casi tres décadas a Mika, apodo con el que se dio a conocer en las citas express y diversos juegos sexuales, había experimentado cuantas fantasías le eran posibles en una sociedad reprimida y que gustaba de ser juez moral. Viajo hasta lejanas tierras místicas para encontrar la excitación personal sin necesidad de amantes, el autoconocimiento del cuerpo y sus zonas erógenas y llego a comprender con ayuda de una nativa el bello y pulcro arte de la masturbación mental. Entonces su cuerpo y alma se unieron para crear la armonía buscada a lo largo de tantas lecturas, terapias y vicios llevados al extremo. Mika era una mujer madura, completa, segura de sí misma y en plena madurez sexual.

Cuando Pier era apenas un becado en estudios psicoanalíticos y sociales le fue asignada una tutora. Nunca antes en su carrera profesional había trabajado de manera directa y constante con una mujer, le costaba socializar con las damas y pensar que podían saber más que él. Pero en su situación, Pier el becario de master tuvo que aceptar la tutela de una doctora cuya experiencia en el tema rebasaba a los hombres del campo intelectual. Pier acepto de mala gana mudarse a la ciudad donde la tutora vivía y enviar desde allá sus avances de investigación para poder mantener su vida de excesos, de bohemia y de putería disimulada. A él le fascinaban las mujeres pero no de la forma en que sus compañeros lo hacían: las admiraba de lejos, le pagaba a los tipos en los antros y hoyos sub-culturales para que contrataran putas, las manosearan cerca de su presencia y después le dejarán ver el acto sexual. Era un vouyer consagrado que apenas si conocía el tacto femenino pero imaginaba modos en que sus ojos intervenían con tal lujuria que era fácil eyacular aún sin sacar su pene. Pier había tenido una vida sexual alimentada de morbo, de pornografía y finalmente de escenas libertinas en vivo y en directo. Fuera de ahí su pene apenas si había sido visto por las mujeres, incluso cuando tuvo novia.

 

 Por su parte, Anis llegó a la ciudad tras meses de dura separación. Un proceso largo de divorcio hizo de su cuerpo un santuario impenetrable, una fortaleza levantada en honor a la dignidad femenina. Cuando ella recibió la beca gastó casi la mitad en saldar la deuda con el abogado que llevo el caso. Por ello consiguió un modesto trabajo en la barra de un hoyo funkie al este de la ciudad; podía trabajar los fines de semana y estudiar por las tardes mientras cumplía con sus obligaciones en la Universidad y el bar. Anis se había jurado a sí misma olvidar a los hombres, los golpes en la cara, el acoso y las amenazas de encontrar fotografías de su sexo abierto, húmedo y ofreciéndose al camarógrafo hicieron de esa promesa un mandamiento para ella. Si su cuerpo le pedía atención lo haría a través de la literatura: era fiel lectora de quien por cierto sería su tutora y reconocida autora de novelas y relatos eróticos. La fama de ésta se debía primero a su promiscuidad en la juventud, a su igual prematura vida intelectual, su prolífica producción literaria en letras eróticas y académicas y finalmente al misterioso giro que dio la vida de esta persona. Mika como le conocían todos, era la tutora de un master en teorías sobre la sexualidad, la formación de la identidad y la desfragmentación del sujeto a través del éxtasis y la orgía. Temas que le habían hecho de amigos y enemigos, de fama y fortuna y de un cierto aire de atracción. Anis sabía que solo ella y un desconocido pero prometedor estudiante habían sido los únicos dos tutorados por Mika, por lo cual Anis tendría que demostrar al final que su proyecto valía más y merecía más que el de cualquier otro estudiante.

El primer encuentro se dio de manera formal: Mika cito a Pier y Anis en su cubículo, charlaron, se presentaron, se dieron la mano y prometieron competir por la tutoría definitiva de forma honesta y que madurez. Esta promesa se rompió cuando Pier investigo la vida de Anis y descubrió el turbulento historial de agresiones, el seguimiento del caso de divorcio y las pruebas irrefutables de que su esposo era un golpeador empedernido. La violencia con la que la historia de la joven profesora de literatura violada y golpeada era contada le dio a Pier motivos para confiar en su inestabilidad mental. Él, como buen misógino creyó tener una carta a favor al empezar su investigación y versarla sobre la posible dificultad de las víctima de violación en los asuntos intelectuales. Según la tesis de Pier, una víctima de violación nunca volvía a ser la misma y sus capacidades psicomotrices mermaban. Lo que Anis también descubrió y Pier nunca sospecho: las capacidades intelectivas disminuyeron pero la creatividad que da el dolor había incrementado. Pronto Anis se introdujo al mundo de la creación literaria escribiendo cuentos eróticos por encargo. Con ella abandono la barra en el bar y usaba sus noches y tardes libres para escribir guiones para películas pornográficas, diálogos eróticos y relatos obscenos para público con dinero y ansías de leer gente penetrando con frutas vaginas vírgenes.

Mientras tanto Mika, en su equilibrio había sentido una fuerte fuerza. Cuando vio por primera vez el cuerpo de Anis, una tarde en que después de la asesoría Anis salió. Hacía calor, el pantalón de Anis era marcado y vio esas nalgas redondas primero en forma de corazón cuando ésta se agacho para acomodarse una bota y después moverse cuando Anis se alejo caminando. Mika sintió de nuevo esa voz en su cabeza, esa fuerza eléctrica recorrer su piel y erizar los diminutos bellos de su sexo. Y tan solo había sido el culo de su tutorada. Luego, dos semanas después la vio con un atuendo más revelador: el escote de Anis mostraba unos pequeños pero firmes senos, un lunar entre la comunicación de un seno con otro y una falda que ofrecía unas piernas torneadas adornadas con unas medias de red. Mika reconoció esa noche que se sentía sexualmente atraída por Anis pero que no iba a tomar acción mientras se decidiera quién sería su tutorado definitivo. El otro, casi se había olvidado de él. Un joven de bellos rasgos, cuerpo esbelto, apenas con un poco de barba y nada de bigote. Había sobre ese hombre algo que no le terminaba de convencer: nunca lo había visto verle el escote, nunca lo atrapó viéndole las nalgas a su compañera Anis y jamás había intentado obtener algo de ellas.

Mika decidió ir más lejos con respecto a Pier. Un día se puso un blusón holgado, se quito el sostén y debajo del pantalón decidió no llevar nada. Cito a Pier en su casa y le preparó café, pan de nuez y rollos de queso manchego. El frío de esa noche hizo sus estragos y pronto puso erectos los pezones de Mika, sin embargo Pier no lo notó o no quiso ser obvio. Mika inventó algunos pretextos y subió a cambiarse el blusón holgado. Bajo con un suéter cuello de tortuga pero con la característica de ser pegado al cuerpo, se decidió a ser más puta y provocadora con Pier. Sin embargo éste apenas si echó una mirada a sus tetas que lo señalaban y sin mediar palabra empezó a comer los rollos y el pan. Mika se sentía humillada, ella una hembra con tal fama, su pasado de ninfomanía, de leyendas y encuentros sexuales y su cuerpo maduro, barroco y lleno de energía sexual no había logrado más que una mirada curiosa de aquel larguirucho joven. Subió, se puso bragas, sostén y bajó. Cuando caminó a la sala no encontró a Pier. Busco alrededor y no había rastro, hasta que de pronto apareció detrás de ella. Dijo que había ido al baño, que ya era tarde, que dejaba su avance de tesis en la mesa y ofreció una disculpa seguida de un beso en la mejilla más que erótico cordial. Mika se fue a la cama, y cuando se lavaba los dientes se dio cuenta de todo.

Pier llegó a su departamento excitado, el avance no estaba listo pero tenía que salir de esa casa. Luego corrió al baño, se metió ahí poco más de media hora y salió satisfecho. Se echó a dormir y también tuvo sueños húmedos. Al amanecer despertó con una erección como no había tenido en años, y se prometió abandonar el vouyerismo en pro de su nuevo descubrimiento. Del otro lado de la ciudad Anis terminaba de masturbarse sobre uno de sus cuentos, le había excitado tanto que lo conservo para sí misma y lo leía, imaginaba y se metía esos dedos delgados por la vagina, acariciaba sus labios y mordía sus dedos mojados para volverlos a meter. Además encontraba en Mika una tutora, una maestra del sexo y una atractiva seductora; en las últimas semanas Anis se había vestido solo para ella. Como una puta, a veces usaba faldas sin bragas debajo, blusas escotadas y de pronto miraba los grandes pechos de Mika, las caderas rítmicas y los marcados labios mayores que se dejaban delatar con el calor del verano.

El primer encuentro sucedió en casa de Mika. La sesión se extendió hasta la noche y Mika ofreció preparar cena para Anis. Ésta acepto de buena gana, aunque desde hacía horas la tensión sexual entre ambas se había incrementado. Los pechos de Mika parecían comunicarse con los de Anis, ambos sexos hablaban lenguajes análogos y sus ojos se conectaron entre miradas morbosas y mordeduras de labio. Cuando la comida acabo Mika se descubrió seducida por Anis, ahí se dio cuenta de que la verdadera dueña del juego era ésta y que ella había sido presa creyéndose cazador. Se dejo seducir con aire de complacencia y recibió la lengua de Anis en su boca media abierta. Pronto los pechos de Mika cedieron a las manos de Anis dejaron ver sus grandes pezones, algo morenos por la edad, más morenos todavía por la excitación y grandes, duros y ansiosos de ser probados después de tantos años de ser egoístas. La boca de Anis sin embargo los ignoro, no así sus manos. El motivo había sido que la boca ahora exploraba debajo de la falda de Mika, se hubiera podido oler aquel aroma de litoral desde la puerta. La boca de Anis besó el fino vello de Mika, después presiono contra sí mismos los labios mayores de Mika contra los menores, y la lengua buscó el clítoris que poco a poco se dejaba descubrir entre ese clima de agua salada. Mientras que Mika apretaba su pecho, se desprendía de la falda y abría sus piernas para ofrecer su flor de loto. La vagina hubiera podido escurrir hasta el suelo sino era porque Anis devoraba esos líquidos con tal sed que solo alguien que vaga por el desierto lo haría. La boca de Anis estuvo en un momento llena de saliva-lubricante-más-saliva-y-más-jugos-de-Venus. Cuando el orgasmo estaba en la puerta de salida Mika logró contener su explosión y enseñar a su tutorada otras maneras de acceder al conocimiento pleno. El encuentro pronto paso a manos de Mika, Mika chupando, mamando, lamiendo y bañando en saliva los pechos de Anis, esos pechos pequeños, firmes, suculentos de mujer que sabe tocarse, Anis esa mujer que permite despojarse de su pantalón, de su braga mojada hasta el colmo, Anis que se abre de piernas, que se depila el monte, que no deja ni un rastro de vello en su coño, Anis que lo abre, que permite ver su hermosura, su forma de orquídea y su olor a trópico, Mika que lo chupa, que degusta de su líquido que da vida, que Anis tiembla desde la cabeza, el pecho, las piernas y los talones, Mika que aprieta sus suaves y redondas nalgas mientras mete un delgado dedo por la vagina y lo baña en brisa marina, Anis que empuja la cabeza de Mika para darle de comer toda aquella fuente de la diosa del amor, y que de pronto ambas se encuentran desnudas, mujer con mujer, una marcada por los golpes y la memoria, la otra marcada por el ascetismo y después la voluptuosidad que las envuelve a las dos. La una sobre la otra, en todas sus partes y sus caras, ya sea el coño de Mika contra el de Anis, las piernas encajadas, o los dedos jugando a ser aquella representación del miembro viril, las bocas bañadas por besos, por arropases vaginales y los pechos a punto de hacer erupción hasta que ambas, tumbadas se miran a los ojos con símbolos de complicidad. Y Anis ha caído en la trampa, se despide, olvida sus bragas o las deja de suvenir y duerme más de medio día.

Y el juego de Mika vuelve a ser suyo. Invita a Pier para una sesión de tutoría, ahora la indiferencia es máxima. Apenas si lo ve a los ojos, luego de nuevo sube inesperadamente, se cambia, va a la cocina, se sustrae del mundo y regresa para descubrir que Pier de pronto ya se tiene que ir. Lo deja ir. Luego sube al descanso que conecta un piso y el otro, entra al baño y descubre que Pier ha seguido las reglas. Una braga está donde no había estado, con un olor a sexo masculino, y que la braga todavía impregnada de Anis ha desaparecido. Parece que Pier ha dado un gigantesco paso de ser un vouyer delatado por sus colegas a un cleptómano de ropa interior.

Y Pier en su departamento, sabe que ha trasgredido demasiado pero no le importa. Llega, no espera para ir a su baño, decide sacar su pene después de cerrar la puerta. Está erecto, firme, señalando el cielo. Lo toma con su mano derecha, y con la izquierda busca su nuevo remedio: una braga sucia. No la simple imaginación de ver una vagina húmeda, o como cuando niño las prendas íntimas de su prima o los sostenes de la hermana. Pier al fin se hizo de una braga sucia, aún huele a mujer, tiene la marca de haber sido bañada no solo con líquidos naturales sino de estar mezclada entre dos esencias femeninas. La huele, la saborea, mientras toca su pene, lo aprieta con su mano y con el movimiento de arriba-abajo saca de él el esperma que alcanza a volar hasta el borde de un sillón. Guarda la braga en una bolsa, la sella y se mete a bañar.

El juego de Mika ha llegado muy lejos, las sesiones de tutoría con Anis acaban siempre en orgiásticas terapias de intercambios eróticos. Primero eran cada mes, luego cada semana y finalmente cada tres días. Charlan, Mika lee los relatos de Anis, le da consejos. Charlan, discuten acerca de los avances en el master, se miran, se seducen, tocan-besan-lamen-deleitan sus cuerpos y se vuelven amantes profanas. Y está Pier, que ha perdido la noción y el equilibrio, que roba bragas sucias, limpias, que a veces las devuelve con olor a esperma, que Mika las tiene que lavar y comprar nuevas. Todo es caos, Mika la artífice de tremendo enredo ya no sabe cómo salir de él, ojalá hubiera un Deus Ex Machina para tan confusa relación sexual de una tutora y sus estudiantes. Y de pronto, una tarde en donde el orgasmo había relajado su cuerpo acontece la solución.

Pier eyacula sobre su alfombra sin importarle la futura mancha. Al fin su pene tiene esa vida que el voyerismo no le había dado, es firme, se para y se sostiene a su ritmo. Está listo para probar la vagina, para arrancar gritos y con suerte entrar en el ano de alguna mujer. Pero su inseguridad es mucha, todavía teme no lograr la erección, huir o en el peor de los casos, acabar como burla. Y Anis, la bella Anis de pechos maduros, caderas contorsionistas que se masturba con el recuerdo y la huella de una lengua lánguida sobre su clítoris sabor durazno marino. Uno con su pene juega al niño que descubre ese mundo entre sus piernas, esas dos bolsas de carne que si aplasta duele a morir. Y la niña del otro lado encontrando el cúmulo de su sentimientos, la culminación de sus pesares y esperanzas entre cuatro paredes, dos afuera dos adentro, un botón de hormigueo y una capa de ramas rizadas. Todos ellos llevados al extremo por la madre artífice del juego, la creadora de tan maravillosas criaturas que en pleno encuentro con su madurez descubren los regalos naturales de la sexualidad. Así se había transformado el estudio intelectual de las relaciones de un sujeto con otro mediante las prácticas del cuerpo, ahora llevadas al extremo y pronto todo eso se iba a cristalizar arrojando quiénsabequé hijo primigenio.

Mika había excedido el plazo para elegir a su tutorado definitivo. Lo había meditado al grado de resolver la querella con una moneda al aire, luego recordó el juego. Quien ganara el juego, ganaba la beca. Citó a Pier y Anis en su casa, la misma fecha y la misma hora para ambos. Se llegó el día y ambos acudieron puntuales a la decisión definitiva e irrevocable de Mika. Luego el destino, esa serie de infortunios con carga divina que le asignamos los humanos, quiso que Anis fuera la primera en ser evaluada. Mika tenía preparada la jugada, la beca sería para Anis por ser su amanta mientras que Pier trabajaría como asistente personal de Mika, todos ganaban y nadie perdía. Pero de nuevo esa serie de circunstancias sin conexión lógica hizo del cuerpo de Mika una cárcel de la libido y en un arranque de celos, ya que Pier observaba con lujuria el trasero llamador de Anis, besó en la boca de Anis al grado de excitarse mutuamente. La oficina improvisada cedió paso y se convirtió en un recinto del sexo, del celo y el ojo espía de Pier. Éste observaba como la boca de Mika buscaba el sexo llamador de Anis, como sus pechos colgaban rozando las piernas de la amante improvisada y la cabeza de Mika se hundía en medio de esas piernas firmes y largas. Pier sacó su pene y comenzó a masturbarlo mientras veía la espalda de Mika encorvarse y su cabeza sumida entre el mar trópico que Anis tenía debajo del vientre.

Pier siguió apretando su pene contra la mano mientras la excitación seguía y ya nadie sabía de nadie, no había conciencia del tiempo y el espacio y el pudor se había esfumado, más bien fusionado con el olor a sexo, a semen, a vagina húmeda y senos que emanaban sudor cargado de animalidad. Cuando Pier abrió la puerta desde donde veía aquel lujurioso espectáculo nadie se dio cuenta. Luego caminó hacía Mika, que abría su culo dejando ver sus labios juntos mojando el piso, tomo su pene, lo metió entre aquel coño y sin mediar palabra comenzó a penetrar. Mika solo volteó y vio el rostro de Pier sumido en el placer de penetrar por primera vez una mujer, vio la cara de Anis poseída por el placer de aquel trabajo oral entre sus piernas y comprendió que el juego había terminado. Después de eso ya nada iba ser igual. Al cabo de algunos cuántos minutos todos había terminado lo propio, Pier logro eyacular dentro de Mika, ésta se baño entre el chorro que Anis expulsó de su sexo y Anis toco la pequeña muerte al grado de que sus piernas apenas respondían. De esa tarde nunca se habló y Mika les comunicó que el resultado se los daría por teléfono individualmente.

El libro de relatos se publicó un año después, fue patrocinado por la Universidad, Anis la autora dio gracias a su profesora, que ahora estaba de viaje por el apoyo y la tutela para publicar esos relatos que apenas habían salido al mercado editorial y ya iban por la segunda edición. Mika, de viaje había logrado recuperar la confianza en su cuerpo, vencer el ascetismo y experimentar con otras mujeres los secretos de Venus y el país de la amazonia. Por su parte Pier logró la beca bajo la tutela de Mika, saco adelante su tesis mezclada con la de Anis, que se publicaría con reconocimiento para ambas mujeres y esa tarde compraba una botella de tinto. Luego miró su billetera, pago con un billete grande, y mientras esperaba el cambio imagino a su amada. Ella, esperándolo con lencería fina, él con su pene listo para penetrar por primera vez su ano, el libro de cuentos era buen pretexto para aquella sesión de sexo. El juego había sido justo para los tres.

 

 

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