Parménides ya fuma mota.

 

En estos tiempos de aceleración tecnológica, consumismo religioso y fervor hacía las celebridades mediáticas, sean en la televisión o el Internet alguien que afirma “El Ser es, y el No ser no-es” parece a la opinión de la mayoría como alguien que sufre de llamado “mal viaje”. Y es que la afirmación metafísica por excelencia, lo que es ES y lo que no es NO ES, aparece en estos días como producto de una buena pachequez, un manjar de estupefacientes y resultado de un buen “leño” de marihuana. La mota, como le apodamos algunos temerosos de su poder trasatlántico en la mentalidad popular, suele ser un modo de acceder a la experiencia creativa, solo cuando ésta se busca en realidad. Cuando, como suele ser casi siempre, se busca un rato de risa, relajación y estado alterado de la conciencia, la marihuana, cannabis, ganja, hierba sagrada, (como quieran decirle) solo trae resacas molestas, sentimientos de arrepentimiento y memorias de actos estúpidos que se cometen bajo el influjo de su alucine. Pero Parménides, filósofo pre-socrático de la Grecia antigua, hasta donde sabemos, nunca fumo tal hierba. A lo mucho consumió otras sustancias, y que afirmara la presencia del Ser, en cuanto a totalidad del mundo physis, y la carencia ontológica de lo que ya-no-es, es producto de su larga observación y pensamiento filosófico característico de los primeros sabios, posteriormente llamados filósofos.

¿Entonces de qué va todo esto? ¿Cuál Parménides? ¿Cuál mota? Primero: hoy, 19 de septiembre de 2012 se cumplen 30 años de la muerte de Parménides García Saldaña, quien fuera apodado “El Parme”, escritor y fundador “de la onda”. El oriundo de Orizaba Veracruz, que nació allá por febrero de 1944 y murió a los 38 años solo, en un departamento oscuro y decadente, junto a notables signos de autodestrucción y vicio desmesurado, fue en vida uno de los escritores del México contemporáneo más excéntricos y poco comprendidos de la actualidad. El Parme escribió  una única novela “Pasto Verde”, un único ensayo “En la ruta de la Onda”, un único libro de cuentos “El Rey Criollo” y un único poemario “Mediodía” además de un guión para cine publicado póstumamente con el nombre de “En algún lugar del Rock” que serviría para la película Pueblo Fantasma en 1966. Además, por años, Parménides escribió artículos de cultura, de música, generalmente de rock en inglés y ocasionalmente del naciente rock en español (fue amigo de Alejandro Lora y los demás miembros de Trhee Souls in my Mind) y diversas cuestiones en torno a la literatura contracultural y sus mayores némesis: la alta sociedad, la cultura oficial, la clase intelectual dominante y el Estado mexicano representado por el partido dominante, el PRI. Aunque de poca actividad política, y mucha actividad bohemia, El Parme siempre fue distinguido por ser un trasgresor de las formalidades, de la escritura y por llevar el movimiento de la onda y la contracultura a sus extremos más agresivos, incluso llevándolo a la cárcel y a escándalos donde perdería a la mayoría de sus amigos de juventud.

Segundo: La Mota. Parménides García Saldaña además de escribir se decido, por supuesto, a cultivar el noble y enaltecedor acto del hedonismo egoísta. Fue un bebedor empedernido, toda su literatura gira en torno al problema de las adicciones, que él mismo padeció. Pero, el punto de ebullición surgen en Pasto Verde, novela caótica, que no trata argumentalmente de nada, llena de referencias a la cultura de los años 60, a la Ciudad de México de la alta sociedad y los lugares no gratos (llamados hoyos funkies) donde se tocaba rock n’ roll, la juventud hablaba de libros, de música y se dedicaba, en su mayoría, a fumar marihuana, beber alcohol y maldecir al gobierno que los mandó a esos hoyos. Parménides en Pasto Verde, (novela que apareció en 1968, ignorada por casi todos y reimpresa casi 40 años después) elabora un relato sobre un escritor, probablemente su alter ego, que se ve envuelto entre el rechazo de la clase intelectual, arrastrado al mundo de la fiesta, el rock n’ roll, las mujeres y la marihuana con toques de ácido lisérgico, y el caos interior de un intelectual de la onda. ¿Qué fue la llamada onda? El, que en vida fuera amigo del Parme, José Agustín, en La Contracultura en México, explica de maravillosa y clara forma, en qué consistió el movimiento de la onda. Para él la onda fue ese lapso de juventud que copiando los modelos de escritores como Jack Kerouac, William S. Burroughs, Albert Ginsberg y Henry Miller, entre muchos otros, hicieron de los marginados, las drogas, el sexo, la música negra, el rock, las filosofías hedonistas y el culto a la bohemia, un tema literario e intelectual. Desde entonces la gonorrea o la cirrosis se hicieron un asunto que también la expresión artística podía representar. En México, con un gobierno tan peculiar, por ser amable, como el del PRI hizo que la onda fijara sus críticas en sus motivos propios: la marginación de la clase trabajadora, el rechazo a la diversidad cultural, sexual y el hedonismo, la crítica a la cultura conservadora y la doble moral del mexicano: por un lado se viste de traje con su esposa de buen porte y sus hijos sanos y creyentes, mientras que en lo “oscuro” mete grandes cantidades de droga a su sistema, sostiene relaciones con prostitutas y acepta pagos corruptos violando leyes. Parménides García Saldaña se mofó de esto en toda su creación literaria al grado de romper con casi todas sus amistades. En Pasto Verde, podemos leer casi al final una anécdota sobre el escrito protagonista

Epicuro, nombre del protagonista, escribe un cuento sobre “Sadito” un gandalla que embaraza a su novia y después hace lo posible por no responder. El relato, dentro del relato, está escrito con lenguaje coloquial, cargado de humor negro, de anécdotas graciosas y clichés de la alta sociedad. Están el padre macho trabajador que pide respeto hacía su hija y mira fútbol mientras bebe cerveza, la madre entregada que llora al ver que su hija se la cogió un vago, siempre con su tejido de mano y sus modales puristas, y el hermano que quiere golpear a Sadito porque sabe de antemano que son iguales y su hermana no tiene futuro junto a él. Sadido, de alguna manera, logra convencer a la familia de que responderá por el embarazo, pero al final suelta una un discurso donde todos los valores se invierten y la familia queda desconcertada al no entender el lenguaje y el sarcasmo de Sadito. Así termina el relato de Epicuro que meses después manda a un concurso, obviamente es rechazado por uno de los jueces (haciendo alusión al cuento que Octavio Paz le rechazó a Parménides) y Epicuro logra ir hasta el periódico donde trabaja el juez, reconocido autor de la clase intelectual (otra vez una parodia de Octavio Paz) e intimidarlo a base de amenazas y objetos arrojados. Al final Epicuro acaba siendo rechazado por dicha agresión mientras que del concurso de cuento se sabe poco. Epicuro, alter ego de Parménides, queda sumido en su propio mundo caótico, lleno de referencias a la cultura hedonista y la generación beat, entre su locura y su genialidad, y es que Pasto Verde parece como una biografía adelantada de su propio autor. Anunciando el turbulento futuro y el ocaso final de un autor enigmático, casi de culto diríamos, y  hasta ahora poco estudiado con profundidad y seriedad más allá de sus excesos y vicios.

Finalmente ¿Para qué escribir sobre un muerto? Por el puro placer, el viaje y la dicha de poder compartir un poco de la locura de Parménides. Leí hace poco menos de 6 meses Pasto Verde en un clima de excitación mental, curiosidad caótica y resaca filosófica. La cuestión en torno a la llamada Contracultura ha sido un tema personalmente recurrente en mis dudas, y encontré en Parménides y su escritura un eslabón perdido dentro de la complejidad del problema de la cultura mexicana contemporánea. He querido, a mi manera, recordar a Parménides García Saldaña que hoy cumple 30 años de haber sido encontrado muerto en su soledad y olvido personal. Se escribirán muchas columnas, muchos homenajes en mejores periódicos y portales, mejor escritos y argumentados y mucho más panorámicos y explicativos. Y es que la cuestión en torno a las drogas, la escritura, la contracultura y los personajes que resaltan a la hora de investigar estos temas nos llevan por caminos poco explorados, y al final si nos dicen “puras marihuanadas” no habremos de extrañarnos, todavía no se ha extinguido la clase política y social que tanto criticó la onda: el Dinosaurio ha regresado más fuerte, más hambriento y con más ganas de rugir. Que Parménides, Heráclito o Epicuro nos inviten a su vuelo libre.

 

 

Óscar  Mendoza Mora.

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