Guía práctica de cómo y cuándo dejar de ser un idiota.

Teoría y praxis de idiotorología para sujetos transversales. 

Se sentó y recargó su espalda sobre el tronco. No le importo que si aquel árbol estaba seco, que si aquel pasto necesitaba alejar pisadas, o nalgas sobre él. Tampoco le paso por la cabeza las muertes que había dado a las hormigas, a las cochinillas y demás insectos habitantes de aquel prado. Y mucho menos el perro: negro y flaco, del sexo femenino, dormitando entre el hambre y la inseguridad de no poseer casa. Y luego el juez que en algunos lugares llamamos amigo, en este caso jueza, con su acusación falaz de “eres un culero”.

¡Claro! Adoptar un perro no es la gran cosa, hay que llevarlo desde cierto lugar de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, hasta la casa, bonito aposento que ya ha arropado a dos animales: un perro y un gato igual de dulces que esta vagabunda.

ACUSACIÓN NÚMERO UNO: No quisiste llevarte y darle hogar a ese perro.

ACUSACIÓN NÚMERO DOS: Eres un egoísta.

ACUSACIÓN NÚMERO TRES: Si ya tiene dos, llévate el tercero.

ACUSACIÓN NÚMERO CUATRO: Le va pasar algo malo y será tu culpa.

ACUSACIÓN NÚMERO CINCO: Ojalá te pese la conciencia.

Luego hubo una reacción del acusado. Negó el presunto egoísmo, negó, también para negar se necesita un arte, que la culpa exista, y más que sea toda de él, que de una premisa a otra no hay un intermedio claro, y que finalmente, y eso ya lo dijo al borde de escupir silaba, desorbitar los ojos y maldecir al viento, QUE NO ERA SU PUTO PROBLEMA.

Y luego la juez dice “No te lo tomes personal”. Él, ávido coleccionista de sulfato, ácidos y otros jugos gastrointestinales, dice “Entonces todo se trata de chingar y chingar y chingar y chingar y chingar y chingar y  ….. [Inserte aquí muchos chingar] hasta que finalmente me dicen -no era personal-. ¡PATRAÑAS!”  Mientras este alegato se da el perro, más bien la perra, se ha ido con otras persona porque ellos si le dieron de comer mientras acá, en el tribunal supremo de la justicia animal y la procuraduría para encarcelar a los culeros egoístas que se toman las cosas a pecho, (No quiero ni imaginar la siglas) se ha olvidado del motivo original UN PUTO PERRO y se ha perdido entre defensas mal elaboradas y acusaciones ensañadas.

¿Y el perro? Bien gracias, hasta la fecha , que realmente son dos horas después, no se le ha visto provocar disputas entre amigo-amiga, entre víctima imaginaria y victimario encolerizado y supongo yo, porque yo lo viví, que mañana habrá no un perro sino un gato, o una ave, o un niño en una canasta y como el ofendido siempre sale perdiendo también será su responsabilidad que esos seres mueran, sean capturados, se hagan de la casa en una banqueta o conviertan su vida en un burdel barato. Acá lo único que me queda, como buen alarmista y chillón de teclado, es redactar un texto, esperar que mi implacable ejecutora de la ley NO LO LEA, y vomitar mis letras como cuando se depura un resentimiento dejándolo libre, para que otro lo colme de premios y diga “Mira lo que hiciste”. Como si uno fuera responsable por sus flatulencias y pudiera reclamar por las que recibe.

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