Hay días…

 

Hay días… en que la vida se vive así, que se ve a través del cristal de la escritura, que se desgarra con las acusaciones de la razón,

Hay días excelsos donde el despertar huele a duraznos frescos no medicinales

Hay días en que una calle deja de ser aposento de pasos perdidos y trasmite las rutas añejas en el tiempo

Y también hubo días como este, colmados en la temperatura de primavera, llenos de esencias que nos obligan a pedir doble ración, más, más, más de aquello, más de la vida.

 

Hay días en que una canción no habla y no hace bailar, pero también los hay en que la música despierta al ser vivo enclaustrado en la cabeza, en esos días cuando los sonidos abismales del Saxofón, el bramar del tambor hace mover el pecho y la vibración de una cuerda quiere empujarnos hasta gritar

Hasta mover la cabeza

Y afirmar el valor creativo del sueño

Y de nuevo aventarnos

Fatigados

A

            Seguir

                        Durmiendo

                                               Un poquito

            MÁS.

 

Hay días, también hay noches en que el amor aparece como un fantasma

Como el señor muerto que reclama su vida

Que exige no ser olvidado

Ni por ti, ni por mí

Ni       

            Por

                        Nadie.

Hay días llenos, de nada, de agua, de aire, de palabras vacías que sólo sirven para prolongar lo inevitable, para imponer silencios entre tiempo y tiempo, entre despedidas y reencuentros

También hay días…

Días faltos de lenguajes,

De conjunción y arrebato de pasión, sin nada más que decir y con todo por hacer

Existen aquellos días, como existió el Edén,

En que un beso es el sello de Dios

Y una caricia es el pacto infernal

Y que ninguno de los dos se salva

De vivir juntos

De no

            Morir

                        Solos

                        El uno sin el otro.

Y luego llega la hora en que ambos deban irse, el beso por su lado y el olvido por el suyo

Tan largo el segundo, tan efímero y perspicaz el primero.

Y llegan los días de asfixia

Atascados hasta el cogote, apacibles en su negligencia absurda

Atropellando nuestro frenético desencanto

Hay días como esos, en que una hora es la rutina, en que la rutina es la jornada, en que la jornada se vuelve sueldo y el descansar ya no alimenta nada.

Están, en cambio, los días sin sueldo.

Aquellos días en que no ganas nada, en que tu fuerza se escurre como el verde de las hojas en otoño, que se esfuma cual amor adolescente y que a pesar de todo

A pesar de los pesares

Hiciste

            DE

                        TODO.

 

Hay días en que quisiera no saber del día

Y noches en que quisiera recibir el día.

Hay días como este

Que llega a la mitad de su vida

Y espera la otra parte

Con la boca abierta.

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